Ella ha logrado milagrosamente sobrevivir los violentos embates del huracán…

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Gina Maldonado-Morel ha logrado milagrosamente sobrevivir los violentos embates del huracán, palabra que desde tiempos inmemoriales produce temores ya enclavados en la memoria colectiva desde antiguas civilizaciones que un día poblaron las costas del océano Atlántico y el Caribe.

Preparándose para la reunión cumbre con científicos de las grandes potencias mundiales y de los así llamados países emergentes y por supuesto las colonias; Gina recordaba que fueron los españoles quienes entre otras cosas que “descubrieron” tales como las aborígenes a quienes raptaban y violaban, los aborígenes a los que esclavizaron para construir fortalezas militares, minas de oro de plata y poder; escucharon también esa palabra que los Tainos y los grupos Arauca pronunciaban como “hurican” que significaba para ellos el fatídico Dios del mal coincidente con el Dios Maya huracán.

De esto se enteraron los reyes Fernando de Aragón e Isabel de Castilla cuando los navegantes regresaban en los años 1500 de sus exploraciones, trayendo plantas, minerales y aquellos seres humanos a quienes por una equivocación de Cristóbal Colon (otra más) denominaban indios.

En la primitiva lengua castellana no había una palabra equivalente a huracán, y por eso se incluyó en los diccionarios de la época e incluso en la gramática de Nebrija.También huracán se reconocía en el idioma inglés.

Gina contaba ahora con la oportunidad de comunicar estas ideas además de otra, que entendía revolucionaría la perspectiva de la civilización, o lo que iba quedando de ella.Los nuevos fenómenos atmosféricos, tornados simultáneos, ciclones, espeluznantes tormentas eléctricas, incendios forestales, vientos de 120 millas por hora, y apocalípticas inundaciones que hacían desaparecer ciudades completas; ya habían sido analizados por los expertos, y al menos en la comunidad científica mundial reunida en Londres; existía el consenso del advenimiento de algo esperado, pero jamás imaginado.

La idea de Gina plasmada en un documento de 10 páginas traducido a 38 idiomas y dialectos, descansaba sobre su escritorio en los que su nombre y su título de PhD en asuntos urbanos y diseños arquitectónicos masivos, destacaba en la primera línea de los exponentes.

“¿Qué haremos ahora colegas acerca de lo que está sucediendo en el sistema ecológico global?Sabemos que estamos atrasados en más de ocho décadas en proponer soluciones que limiten el envío de contaminantes a la pobre atmósfera terrestre que de acuerdo a nuestros estudios tiene también un periodo de tiempo limitado para soportar gases y tóxicos,” manifestó el coordinador del importante panel de ingenieros, arqueólogos, geólogos, biólogos, expertos en sistemas ecológicos en extinción, meteorólogos, astrónomos, antropólogos, y otros especialistas en ciencias, incluidos religiosos, teólogos, astrólogos y agoreros.

Los sabios habían ya identificado la inundación de amplias regiones costeras de Miami, Manhattan, centro América, la Polinesia, el Caribe, los países bajos y regiones aledañas al Mediterráneo por lo cual se había propuesto un plan masivo jamás visto en la historia, de relocalización de 75 millones de personas, y esto era solo el comienzo.Las pérdidas materiales eran incalculables y las humanas iban ascendiendo a decenas de miles.La humanidad ya no emigraba a los Estados Unidos, sino que desde Estados Unidos, cientos de miles de personas se dirigían a Canadá y México.Cuba había abierto sus brazos a otros habitantes de las Antillas, mientras que Colombia y Venezuela hacían lo mismo con los habitantes de Centro américa.

Y esto era solamente el comienzo, según afirmaban los avezados en proyecciones estadísticas y futuristas.

El científico japonés Tachito Hiracono, que proponía soluciones para neutralizar el poder del viento y cambiar la trayectoria de los huracanes; fue quien se encargó de presentar a Gina Maldonado-Morel que presentaría el tema “La ciudad del futuro.”

Cada delegado recibió simultáneamente una copia de la ponencia de la experta, y los traductores simultáneos preparan los sistemas digitales LDI de interpretación instantánea.

Así habló Gina, o, al menos trató.El público se preparaba para escuchar y un silencio sepulcral invadía la sala.

“No diré buenos días porque los días no son buenos ya que nos traen constantemente noticias que aterran a la opinión pública y están produciendo un caos colectivo mundial.Les deseo buenos días y suerte ya que desde aquí regresaremos a nuestros países con noticias y proyectos de soluciones que esperamos las autoridades gubernamentales escuchen ahora a la luz de estas emergencias.

Hoy me referiré simplemente a una solución a mediano plazo que va más allá de los planes de relocalización de la población en riesgo de inundaciones frente a lluvias interminables, Tsunamis y una elevación constante del nivel de los mares y océanos.

Me referiré en pocas palabras al tipo de ciudades o metrópolis que podrán proteger a nuestra civilización.Esta idea se me vino a la mente cuando un invierno en que viaje a Canadá, descubrí que las estaciones del súper tren eran subterráneas, al igual que las tiendas, e incluso oficinas.

Colegas, frente a los peligros que presenta la vida en la superficie terrestre debido avientos que están aumentando su intensidad y lluvias que elevan el nivel del mar poniendo en peligro los lugares donde hasta ahora hemos vivido, los gobiernos, en aquellos lugares que lo permitan; deberán iniciar la construcción masiva de ciudades subterráneas.”

El discurso de Gina fue interrumpido por comentarios a alta voz e insultos tales como “insana,” “locura,” “ciencia ficción,” “demencia.”

A duras penas el sabio japonés logró poner algo de orden en la sala pidiendo que Gina terminara su exposición.

Todo era inútil. En la medida que las traducciones habían llegado a las manos de los asistentes a la “Tercera Conferencia Mundial de Emergencia Global,” las reacciones eran de molestia, rabia e incredulidad.

Solamente algunos científicos solicitaban escuchar el resto del informe de Gina, pero esto fue imposible.

 Como llegó, Gina se retiró quedamente, con una profunda tristeza pintada en su rostro.Sabía que todo eso no era fácil, pero las alternativas no eran muchas y se trabajaba en contra del tiempo y la naturaleza encolerizada.Llegando al estacionamiento del súper edificio Real Tower Charles, y cuando se dirigía a su automóvil; vio los cielos nublados con una tonalidad gris profunda y a lo lejos el avance de tres tornados.

Sin pensarlo dos veces, se dirigió con prisa al cuarto sótano con la esperanza de que los tornados trillizos no derrumbaran la estructura de la construcción.

Gritando “¡tornado! ¡Tornado!” busco la bajada, mientras las sirenas de alarmas enviaban verdaderos alaridos alertando a la ciudad.

II

Gina despertó inquieta y agitada.Su corazón palpitaba tan aceleradamente que sospechó la posibilidad de un problema cardiaco.Sin embargo, se tranquilizó. Mientras observaba el paisaje de la montaña desde una hamaca que había colgado en su marquesina, todo le pareció el resultado de una explosión atómica.Pensando en su gatito que había desaparecido y preocupada por lo del suministro del agua, cayó nuevamente en una modorra que en ningún caso era el sueño profundo que necesitaba después de tres semanas de profundo estrés.Como proviniendo de sueños lejanos, creyó escuchar el canto de un coquí.

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