En la mente del asesino: así se resuelve un crimen, según un exagente del FBI

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Dos de los asesinos más famosos de la historia, Ted Bundy y Charles Manson. (Wikipedia)

¿Cómo se pilla a un homicida o un violador? En muchos casos, metiéndose en su piel, algo muy desagradable a juzgar por los hechos de los que son responsables

POR E. ZAMORANO

A menudo nos damos de bruces con noticias que sobrepasan los límites morales y humanos, las cuales nos sorprenden por su alto nivel de violencia y crudeza. ¿Qué puede llevar a una persona a simple vista normal a cometer asesinato? Y más difícil aún: ¿cómo funciona la mente de un asesino de masas, un violador reincidente o un secuestrador de niños?

Pensar en los oscuros motivos que llevan a estas personas a cometer tales actos resulta una tarea más que complicada. Precisamente, porque para resolver un crimen muchas veces hay que meterse en la mente del asesino e intentar comprender por qué hizo lo que hizo. Y este cometido es digno de mención en profesionales que parecen estar preparados para estudiar los detalles más escabrosos y luctuosos de una escena del crimen. Sobre todo en Estados Unidos, uno de los países con más crímenes mediáticos, desde Ted Bundy y sus más de 30 homicidios, a Charles Manson y su secta californiana la cual estuvo involucrada en el asesinato de Sharon Tate, esposa del cineasta Roman Polanski.

A la hora de enfrentarse a crímenes cuyos niveles de violencia sobrepasan lo común, hay que tener la sangre muy fría. En este sentido, los agentes de agencias de inteligencia como el FBI y la CIA deben estar de sobra preparados para abordar perfiles psicopáticos, actitudes enfermizas y formas de actuar de lo más extrañas o desquiciadas. Todas estas tareas están encaminadas a resolver crímenes de lo más terribles y siniestros, por lo que existe una disciplina concreta que estudia todas las variables acaecidas en un crimen para poder descubrir al culpable e intentar comprender en la medida de lo posible la causa de sus acciones: la ‘victimiology’ o en español ‘victimología’ analiza los pormenores de los crímenes y los factores que llevaron a sus protagonistas a su consecución.

Jim Clemente es una de estas personas encargadas de explorar la mente de los asesinos más turbios de los últimos tiempos. Él estuvo al frente de la Unidad de Análisis de Comportamiento del FBI, estudiando muchos de los crímenes sexuales y de sangre que se dieron en el país a lo largo de los años. A través de un vídeo en el canal de YouTube de la revista ‘Wired’, el investigador ha compartido con el público los pasos a seguir a la hora de analizar la mente del asesino y sus oscuras motivaciones para llevar a cabo el homicidio.

“Al estudiar el perfil de estos criminales nos enfrentamos a la ingeniería que trazaron para efectuar sus hechos violentos”, asevera Clemente. “La victimiología estudia el escenario del crimen, el comportamiento del asesino antes y después de cometer su homicidio, sus posibles motivos y las habilidades que tuvo que tener para llevarlos a cabo. También comprende el estudio de la víctima por parte de su verdugo antes de hacerlo, su vida, sus deseos, su educación, su rutina. Todo obedece a un propósito singular”.

Los rasgos que definen al asesino
Por ello, todo es susceptible de ser relevante a la hora de analizar la escena de un crimen. Sin duda, este es uno de los elementos que más pistas arrojan sobre la personalidad del delincuente y las secretas motivaciones que le llevaron a cometer homicidio. “Si está en una granja de Iowa en la que apenas hay más testigos que unas vacas y unos cerdos, o si ocurre en Times Square, donde cada paso y acto es presenciado por cientos de personas al segundo”, explica el exagente. “También es muy interesante conocer cómo salen de la escena del crimen, cuánto tiempo pasaron allí antes de irse, cómo interactuaron con las víctimas y cuál era su nivel de sofisticación a la hora de matar”.

En este sentido, Estados Unidos es un país que ha vivido desde siempre muy de cerca con la tragedia. No es como en España, donde no estamos para nada acostumbrados a ver asesinatos en masa y la mayoría de los crímenes se cometen en secreto y en el tú a tú. El año pasado se batió un récord en el número de este tipo de homicidios colectivos, en el cual se produjeron 41 tiroteos masivos que acabaron con la vida de 211 personas, según un informe conjunto de ‘Associated Press’, ‘USA Today’ y la Northeastearn University de Chicago.

Del mismo modo, otro de los factores clave que los agentes deben tener en cuenta para trazar la personalidad de la asesino es el arma escogida para perpetrar el ataque. En este caso, si se trata de una pistola es porque optó por llevar a cabo el crimen desde la distancia. Si usó un cuchillo es porque prefirió la corta distancia, quizás a través de la traición en un descuido de la víctima, por detrás o a cara descubierta.

También hay que tener en cuenta su grado de organización. Clemente distingue entre aquellos que ostentan una buena capacidad para planificar sus crímenes y los que simplemente lo hacen por impulso, sin pensar demasiado en las consecuencias de sus actos. En un inicio, los primeros pueden tener actitudes que fantasean con la idea de cometerlo, así como un programa para realizarlo y dejar las menores pistas posibles. Los segundos, en cambio, se muestran mucho más desinhibidos a la hora de ejecutarlos y van admitiendo cambios en el transcurso del homicidio.

Otra de las diferencias entre ambos tipos es que los más planificadores pillan a sus víctimas en momentos en los que a priori se sienten seguras o en su intimidad, mientras que los impulsivos se caracterizan por escoger blancos fáciles, personas vulnerables que bien pueden ser adictos o prostitutas. En ambos puede darse un cierto significado mesiánico; esto es, como el caso de Charles Manson, poseer algún tipo de misticismo a través del cual persuadir y convencer a gente próxima a ellos del sentido de su obra, incluso reclutarles para llevar su plan a cabo.

El caso de Ed Kemper
Por ejemplo, Edmund Kemper, más conocido como “el asesino de las colegialas”, quien en los años 70 sembró el terror por todo California asesinando a un número de mujeres que todavía no se conoce bien con exactitud. Su historial delictivo no es nada llamativo en comparación a su vida y personalidad, plagada de escenas y actitudes de lo más abyectas y escatológicas. Ya desde muy joven torturaba y asesinaba a animales por afición. Cuando tan solo era adolescente mató a sus dos abuelos y luego se lo enseñó a su madre. Mantenía una relación muy extraña con ella, quien también sufría de un trastorno límite de la personalidad y le alimentaba con cabezas de pescado, según relata la investigadora Christine Ann Lawson en su libro ‘Understanding the Borderline Mother’.

Ficha policial de Edward Kemper. (Wikipedia)

Su pulsión asesina estaba ligada al sexo, tanto es así que una vez confesó a su hermana que estaba enamorado de su profesora y que para conquistarla o besarla primero necesitaba quitarle la vida. Las memorias de la época le retratan como un genio con un coeficiente intelectual superior a la media. Su cacería se basaba en secuestrar a estudiantes que hacían autoestop -vale la pena mencionar que se trataba de la década de los 60 en Estados Unidos, en plena eclosión del movimiento hippie-, las llevaba a un lugar apartado y las mataba para luego practicar sexo con ellas y enterrarlas en zonas donde sabía que nadie las encontraría. El homicidio que supondría el cese de su actividad criminal sería el de su madre, constatando así el origen de su locura.

Si seguimos las pautas de Jim Clemente, podemos deducir que Ed Kemper actuaba de forma impulsiva pero con cierta planificación para no ser pillado durante un tiempo prolongado. Del mismo modo, usaba las distancias cortas para acercarse a sus víctimas, y siempre prefirió el cuerpo a cuerpo. De esta forma, escogía sitios recónditos y apartados, asegurándose perfectamente de no dejar pistas y esconder bien los restos de sus víctimas una vez efectuado el asesinato.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/

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