jueves, 17 may 2012

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La Voz de Conneticut

jSharing - JA Teline III

La sopa de mondongo

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¿Cómo están queridos hermanos comelones y amigos de las frías? He estado algo desaparecido ya que los sucesos que han venido acaeciendo en la ciudad nos tienen muy ocupados y si bien continuamos comiendo, la energía para escribir mengua y el dedo se nos pone lerdo, para pulsar las teclas de la computadora.

El sábado recién pasado y despertando de una jumeta que nos dimos en un club del área, nos dejamos caer como a las once de la mañana en el Restaurante Las Palmas de este muchacho Omar que nos tenía preparada una sopa de mondongo con yautía, malanga, y mucho sabol.

Una vez que se nos estabilizo el hígado con esa sopa milagrosa; nos paramos a apreciar la colorida vitrina de comida boricua que preparan las expertas cocineras y nos impresionó el granuloso arroz con gandules, los amarillos, los turgentes bacalaitos, la carne guisada, y la carnecita de cerdo.

Para los que no lo saben, donde Omar, cuyo negocio está localizado en el 375 de la avenida Wethersfield casi frente a la escuela superior Bulkeley; también tienen unas morcillas que ya se han hecho conocidas en el área y que usted se puede servir con arroz blanco y el pique especialidad de la casa que pica en forma intensa y se parece al otro de la marca “Chupacabras,” creo que curado en el pueblo de Canóvanas.

El lugar es tranquilo, hay un plasma con música moderna y cuenta con buena calefacción en invierno, y aire acondicionado en verano. Hay mucha gente que compra allí para llevar y los sábados por la mañana usted verá a personas como nosotros que necesitábamos recomponer el estómago y que buscamos en inefable jugo de parcha que nos sirve para bajar la presión.

Aunque sé que hay que cuidarse, con José hacemos pequeños desarreglos y es una rutina ir allí los sábados porque hay buen ambiente y la comida típica es muy buena.

El tema de nuestra conversación fue esta vez el asunto de los bonos en la Junta de Educación que repartió Don Adamowski a quien parece que se le olvidó que en la ciudad hay un nuevo sheriff, Don Pedro, nuestro jefe.

Para mucha gente que conocimos en el barrio, la repartición de casi tres millones de billetes, incluidos 16,000 para él, son un exceso ya que la educación pública de Hartford no es como una empresa privada como la Caca Cola o WalMart. En ese sentido compartíamos lo que decía Don Luis Dávila que ya a los pocos meses de la llegada de Don Adamowski predijo que el hombre traía muchas ideas, pero nada de chavos ya que los dólares los ponemos nosotros los que pagamos los impuestos.

En nuestra humilde opinión, y de acuerdo a lo que escuchamos en los baños del municipio, la antigua costumbre implantada por Eddie de “gastar y después preguntar de donde sacamos lo chavos,” se transformó en un vicio.

Nosotros también estamos ahora enviciados; pero con las morcillas y las sopas de mondongo de Omar que los días sábados nos ayudan a pasar los escalofríos y el malestar en el cerebro. Al menos lo pagamos con nuestros chavos y no con los bonos, porque a nosotros los que trabajamos en las oficinas no nos llegan ni tarjetas de San Valentín.

Les seguiremos contando de nuevos lugares para poner en practica el sagrado arte de comer, y desde ya les decimos que quedarán encantado con “el sitio de Omar donde le hacen la sopa que usted quiera tomar,” y me salió verso sin esfuerzo.

Hasta el próximo asopao.


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