En este verano con tantos rayos, lluvias, truenos, y centellas, nos hemos visto en la necesidad con mis amigos del municipio, de buscar lugares nuevos y platos exóticos para variar en algo nuestras existencias burocráticas y predecibles.
Inspirados por la necesidad de bajar unas diez libras ya que el colesterol nos está matando, nos dirigimos con José, Edwin, y un amigo gringo que dice que habla español y que es aficionado a las frías, a un hermoso sitio localizado en el 526 de la avenida New Park en el que nos dijeron que servían desayunos a la Americana, y almuerzos y cenas al estilo asiático con platos vietnamitas y laosianos.
Me refiero al conocido East-West Grille que aunque parezca una contradicción combina el estilo meramente asiático con el occidental.
Allí dos simpáticas anfitrionas nos sentaron cerca de una ventana, nos trajeron un menú variado y una hermosa panerita con pan de arroz, muy distinto al pan de agua al que estamos acostumbrados, que tiene muchos carbohidratos y grasas y del que mi nutricionista me informó que es para mí un veneno.
Como es usual en Asia y también en mi Isla del Encanto, el arroz es lo que acompaña todas las comidas, y ellos lo hacen frito con huevo y una variedad brutal de vegetales. Todos los platos pueden ser bien picantes como el ají diablo de los amigos mexicanos, o más bien suave para las señoritas, o personas como yo que ya estamos afectados del estómago por el exceso de pique, grasas, y otras viandas.
Pedí, ya que me estoy cuidando el hígado, un jugo de coco que sirven en el mismo coquito, tal como lo ofrecen en la ruta de San Juan a Bayamón o en algunos restaurantes dominicanos de Río Piedras. Como ya me estoy acostumbrando a la moda de acá, le puse cuatro bolsitas de azúcar artificial marca Equal, pero les prometo que eché de menos el vasito de ron.
José pidió una cerveza vietnamita, y el gringo un vinito chino que me han dicho que es más amargo que una nota de cesanteo en el mes de agosto.
El menú, como dije, es muy variado y me matriculé con un Lao Lemongrass Chicken que me supo supremo al que acompañé con un arroz pegajoso con unos tajitos de huevo de gallina melancólica. José se interesó en una sopa con un poquito de pique, y después le entró con entusiasmo a una modalidad de arroz con carne que caracterizó como bueno, pero no tanto como el arroz con gandules.
Durante esta cena asiática y muy artísticamente presentada en hermosos envases de mimbre y paja, tocamos el tema de los posibles arrestos que ya están aumentando el consumo de alcohol en la alcaldía. Es que han sido meses y meses de tensión y a pocos días de la presentación formal del ladrillo, denominación que le hemos dado al reporte del señor Gran Jurado ya que es pesado y doloroso; nos vinieron a la mente varias preguntas.
¿Cuántos serán los arrestos?
Después de las malas nuevas, faltando aun una investigación más exhaustiva de los posibles y alegados chanchullos en el gasto del billón de dólares para las construcciones de escuelas, ¿continuará Eddie y su abogado Santos con la idea de ir a juicio en octubre? ¿Quién actuaría como alcalde interino en el caso ése que les dije y en el que un alcalde renuncia por motivos de salud?
Mientras saboreábamos un delicioso postre y un café vietnamita, meditábamos con melancolía en que toda una época de fiestas, festejos, y sentido triunfalista en La Casona, está a punto de desaparecer y que la revolución boricua en la alcaldía que pretendía liderear Eddie por veinte años, estaría feneciendo de forma natural y en medio de un áurea de desprestigio y líos legales.
Nosotros los soplapotes y simples burócratas nos preparamos para una nueva administración y muchos han dicho que el sistema ya está pensando en poner en el mando a un anglosajón para que inicie la limpieza de la casa, mientras que otro Gran Jurado comenzaría muy pronto a meterle mano a los que metieron las extremidades inferiores y los dedos en el jugoso contrato de un billón de billetes que será otro capítulo de esta historia sin acabar y llena de sorpresas.
Con mis amigos comentábamos que no es buena idea echarle la culpa de esto a la señora Ubiñas ni al Hartford Courant ya que al final lo que informaron era nada más que la verdad y la pura santa verdad como dijo una vez Tres Patines y la Dra. Polo.
Hasta la próxima y cuídense de los rayos del sol y de los otros, que cuando caen, caen fuerte.












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