El pasado martes 20 de enero fue un día de emociones positivas fuertes y sirvió para relajar el pesado ambiente en el municipio donde hay varios que se están comiendo un cable por lo que viene. Los baños están silenciosos, no hay comentarios alegres, y todos andamos más callados que un taco de goma y parecemos sombras desplazándonos por los pasillos vacíos donde ayer reinaba la euforia y el sentimiento colectivo de que éramos intocables.
Por eso la ascensión de Barack Obama al poder en los Estados Unidos, nos sirvió para recordar esos viejos tiempos cuando fiestábamos en la primera gran recepción a Eddie que fue, creo, en el Expo Center, cuando el todavía usaba mostachos y todos éramos felices ya que veíamos una esperanza.
El martes observamos en la computadora la ceremonia de juramento, y por la tarde después del trabajo, nos fuimos a varios restaurantes para otear el ambiente y alegrarnos. En el Aquí Me Quedo la fiesta estaba en grande y William lucia un llamativo sombrero Tejano y tenía la música de la vellonera a todo dar ya que algunos de sus clientes son sordos.
Como estamos a dieta, con José que se siente identificado con Obama por lo del colorcito; nos comimos tres alcapurrias cada uno para recordar nuestras raíces culturales y culinarias.
Así las cosas, cenamos en el restaurante La Fonda donde los churrascos echan humo y huelen bien, escuchamos cumbias colombianas, y charlamos con los mozos que hablan de una forma interesante y pronunciando todas las eses, como los colombianos. Las libaciones fueron excesivas debido a la celebración, y así, el miércoles tuvimos que pedir en el trabajo un día de enfermedad debido al aliento y el malestar general, y nos juntamos con José como a las once de la mañana en West Hartford, para que nadie nos viera con la nota y nos fuera a delatar.
Así, llegamos en busca de ayuda culinaria de emergencia a un acogedor restaurante llamado “Front Street Bistro” localizado en la calle 35A de LaSalle Road, muy cerca de la avenida Farmington en el Centro del pueblo que es ahora famoso por su ambiente cosmopolita donde se come caro, pero bueno.
Con nuestras gorras de los NY y gafas oscuras, ingresamos al lugar y fuimos recibidos por la atenta señora Franchesca quien nos instaló en un área privada cerca de la cocina y alejados de la puerta de entrada. “Mas vale prevenir” que curar ya que ahora Don Adamo y su gente también se recuperan en West Hartford.
El restaurante debe su nombre al significativo hecho de que los padres y abuelos de la dueña, tenían un restaurante en lo que fue el corazón y alma de Hartford entre la década de los 30’ y 50.’ De hecho la calle Front daba hacia el costado del río en un sector en el que proliferaban los restaurantes, teatros, y la vida bohemia.
En las paredes de su establecimiento comercial, la señora Panchita tiene expuestas fotos de lo que fue Hartford antes de que desplazaran a todos los comerciantes y habitantes del sector para construir la Plaza de la Constitución que ahora es más aburrida que bailar con la hermana, y el edificio con apariencia de barco.
La dueña nos informó que de lunes a viernes servían desayunos entre las siete y las once de la mañana, el almuerzo con precios razonables desde las once de la mañana a las cinco de la tarde, y la cena de cinco a la diez de la noche. Los sábados y domingos el “brunch” es desde las 8 de la mañana hasta las cinco de la tarde, y la cena de cinco de la tarde a nueve de la noche.
Aunque José y yo pedimos dos órdenes de huevos revueltos con una mimosa para recuperarnos de la enfermedad y ayudar al hígado, notamos que hay un amplio menú con platos mediterráneos, emparedados, comida italiana, americana, y de la otra.
Como nos sorprendió la hora de almuerzo y necesitábamos proteínas, José pidió un sustancial “penne con meatballs y salame italiano,” por un precio bastante módico. Yo por mi parte opte por el “loco turkey burger” que me pareció delicioso y me ayudó dramáticamente a componer el ánimo decaído por las frías de la noche de la celebración.
La Sra. Panchita tiene una gran variedad de postres al puro estilo de la repostería italiana, y el lugar es ideal para sorprender agradablemente a la esposa para el Día de San Valentín donde nos anunció que habría una cena especial de enamorados.
Ya a las tres de la tarde nos volvieron los bríos y antes de despedirnos con José y comentar que hay muchas cajas de embalaje en la oficina del alcalde porque parece que van a pintar la oficina, según nos dijo Edison; prometimos volver con nuestras respectivas esposas para sorprenderlas el sábado 14 de febrero, Día de San Valentín.
¡Qué le vamos a hacer!












Las Malvinas vuelven a la actualidad
Demandan Consejeros al IME por utilizar electoralmente al Instituto para los Comicios del 2012
El plan de acción de la ONU
¿Cuál será el futuro de las líneas de Nasca?
Ayer y hoy
Los que no pueden esconder su racismo “El pez, se pudre por la cabeza” 


