HAY LUGAR PARA TI, por la Lic. Liliana D. González

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Desde el mismo instante en que nos enteramos de que vamos a ser padres, pensamos en todas las cosas que el bebé va a necesitar cuando venga al mundo. El lugar donde va a dormir es una prioridad. Por lo general, los papás comparten la habitación con el recién nacido en los primeros meses de su vida, aunque de acuerdo con la disponibilidad económica y de espacio, algunas parejas preparan una habitación especial para su retoño.

Suspiro de tan solo recordar cuando mi esposo y yo decorábamos el cuarto de nuestra primogénita. Durante la dulce espera pintamos las paredes de colores pasteles, pegamos cintas estampadas, colgamos cortinas, pusimos una lamparita cerca de la cuna y esparcimos juguetes por doquier. ¡Todavía se me agita el corazón al acordarme!   

Eso es lo que nuestro amado Jesús fue a hacer al cielo. La noche en que iba a ser entregado les anunció a sus discípulos la más consoladora de sus promesas. Él dijo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:1-3).

Todos los que creemos en Jesucristo tenemos un lugar especial en la casa de Dios. ¡Él mismo lo ha preparado para nosotros! Escrito está: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Corintios 2:9 LBLA). ¿No te parece maravilloso? Nuestro santísimo Padre nos aguarda con sorpresas; ha decorado con sumo detalle nuestra morada eterna y, en cualquier momento, Él mismo vendrá a buscarnos. Esa es una promesa esperanzadora. Si tan solo pudiéramos confiar en esa promesa la muerte sería una celebración, así como lo es el nacimiento.

En este mundo algunos viven en indigencia, otros alquilados o arrejuntados; hay quienes ahorran durante años para comprar una casa y, los que ya tienen una, saben que algún día tendrán de dejarla. La Biblia afirma que este mundo no es nuestro hogar definitivo; somos “extranjeros y peregrinos sobre la tierra” (Hebreos 11:13). Nuestro hogar está en el cielo. Allí entraremos con júbilo todos los santos para morar juntos y eternamente como una gran familia.

 

ORA LA PALABRA

“Una cosa he pedido al Señor, y ésa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor, y para meditar en su templo” (Salmos 27:4 LBLA).

Padre, yo anhelo entrar en tu santuario para contemplar tu dulce rostro. Te ruego que el día en que me toque partir de este mundo me recibas en el cielo. Ayúdame a mantenerme fiel y obediente a tus mandamientos. Dame el poder de tu Santo Espíritu para no caer en tentación. En el nombre de Jesucristo te pido que, tu bondad y amor inagotable me sigan todos los días de mi vida, y que en tu casa viva yo por siempre (Salmos 23:6). Amén.

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Lic. Liliana Daymar González

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