Hipocresía o amnesia selectiva, por Jorge L. Limeres Gregory

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Admitir que Donald Trump, presidente de los EEUUAA tuviera el valor de desenmascarar una verdad que todos en el mundo político, educativo, mediático y corporativo de esta nación esconde, evade y justifica es mucho decir en una oración. Las palabras vertidas por Donald Trump en una entrevista que le hicieran en febrero del 2017 en una cadena televisiva de corte conservador dejaron atónito tanto al entrevistador como a toda la nación. Trump que se especializa en enviar mensajes controversiales a través de los medios electrónicos confrontó una pregunta hecha por Bill O’Reilly (icono de los medios de comunicación conservadores y defensor de una ideología política más consonó con Trucutú que con Platón).  Trump,  escandalizó a su interlocutor con aquellas breves palabras que contenían una verdad de la que nadie habla. Lo dicho por el presidente no es un secreto para nadie pero era la primera vez que un presidente estadounidense admitía públicamente la verdad monda y lironda. Para que los lectores tengan una idea de lo que transcurrió allí haré una traducción de un segmento del diálogo entre Bill O’Reilly (The O’Reilly Factor) y el presidente Donald Trump.

En un momento de la entrevista O’Reilly le cuestiona a Trump su “relación” con Vladimir Putin (presidente de la Federación Rusa) repitiéndole O’Reilly que “Putin es un asesino”. “Es un asesino”. A lo que Trump le contesta: “Hay muchos asesinos, nosotros tenemos muchos asesinos”. “Bueno, ¿Cree usted que nuestro país es tan inocente?”.

Los Estados Unidos de América no son tan inocentes. Han vendido bien su imagen o peor la han impuesto.

Los medios de noticias, fuera de unos breves segundos de cobertura y uno que otro artículo en la prensa, echaron en el zafacón del olvido esas incuestionables verdades. Pero aquí es que se hace obvio el compromiso y contubernio entre los intereses y los medios de comunicación de no aceptar la verdad, de estar entregados al obscurantismo y de mantener a su público enajenado de las verdaderas ejecutorias que los gobiernos y el poder empresarial sustentan a espaldas de los que los eligen y los sostienen.

El compromiso de todos los medios mediáticos debiera ser con la verdad y con la búsqueda de esta. Ante la ausencia de ese compromiso se tergiversa la democracia y se cultiva el discrimen, la injusticia y otros abusos.

Las palabras de Trump fueron tratadas por la prensa con argumentos superficiales sin profundizar mucho para no afectar la llamada “integridad” nacional o para no transmitirle al público la corrupción histórica existente. Hay miles de ejemplos de esto.

Los medios noticiosos se tragan la lengua (al menos que no les convenga) y los educadores les importa más asegurarse el empleo que levantar la voz en la búsqueda de la verdad. Yo lo entiendo porque yo lo he vivido, esto es intimidante para todos. Es un sistema que motiva al materialismo, lo superficial, importándole poco el bien común. La mediocridad se compensa, la excelencia se cuestiona. Al que se atreva a decir lo contrario, el que se queje de los atropellos se le arrincona para que aprenda que la búsqueda de la justicia es un mito más que tenemos que idealizar pero no vivirlo.

Los gobiernos promueven y manipulan a quienes deben servirle como si fueran estos un negocio.

De ahí la importancia de las palabras de Trump en esa entrevista: porque dijo la verdad. No sé por qué lo dijo, quizás se le escapó de su mente. Quién sabe si fue para salir del paso. Quizás porque estima que puede decir lo que le da la gana.

Todos sabemos que esconder el sucio debajo de la alfombra es una milenaria costumbre de los que ostentan el poder o pretenden a este, por eso Trump sorprendió.

Podríamos mencionar a Obama, el pasado presidente, el símbolo de esperanza, el agente de cambio, el líder que exuda credibilidad. Ese Nuevo Héroe parecía sacado más de las tirillas cómicas que de las fauces de la bestia. Y la bestia aunque invisible y silente siempre estuvo presente esperando el momento de cobrar su inversión.

Obama traicionó las promesas de cambio, las promesas de justicia.

Barack Obama para “sorpresa” de todos dejó y nombró a muchos de los antiguos administradores a  posiciones de privilegio y poder.

Se le olvido sacar a los prisioneros de Guantánamo, respaldó golpes de estado (explícitamente o implícitamente), fue el presidente con más deportaciones de emigrantes en los EEUUAA.

Los puertorriqueños en particular tenemos que recordar la infame actitud ante el caso de Oscar López Rivera y la arrogancia y desprecio a los pedidos del pueblo puertorriqueño.

La historia los condenará a todos los que por ignorancia, por arrogancia o conveniencia insisten en colocar a los Estados Unidos como guardián de la paz a pesar de ser la nación más belicosa del planeta. No podemos olvidar un estudio del mismo Congreso estadounidense donde se identificaron “234 casos en los que EE.UU. ha utilizado sus fuerzas armadas en el extranjero… para otros propósitos que no son normales en tiempo de paz”. En el 2017 hay 193 estados miembros en las Naciones Unidas. Durante los últimos dos siglos, EE.UU. ha atacado, invadido, patrullado, derrocado u ocupado a 70 de ellos. Trump ya lo reconoció públicamente.

Continuar las posturas de adalides de la justicia es una hipocresía más del ambiente en que vivimos. La amnesia selectiva es propia de una profunda ignorancia y de un profundo temor a romper silencio porque violaría una de esas reglas inquebrantables que ejercen los dominantes poderes imperiales en Washington.

Los pueblos tienen la última palabra.

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