La rueda del alfarero por la Lic. Liliana D. González

0
1713

El profeta Jeremías comparó a Dios con un alfarero y a nosotros como el barro entre sus manos (Jer 18). Del mismo modo en que un alfarero coloca un puño de arcilla sobre la rueda y la hace girar para darle forma, Dios, el Alfarero divino, nos moldea a la imagen de Jesús. Es un proceso que toma tiempo, es solitario y doloroso, mas su fin es glorioso. Y lo mejor de todo es que Dios siempre está cerca para cuidarnos, consolarnos y ayudarnos durante la transformación.

¿Por qué duele estar en la rueda del Alfarero? Porque el Señor nos va a disciplinar en las pruebas a las que nos someterá. Él nos confrontará con nuestros pecados, vicios y malas costumbres. Nos privará de lo que amamos o de lo que nos apegamos, y eso duele. Sin embargo, mientras continuemos girando en la rueda del Alfarero, cada circunstancia por difícil que sea, Dios la usará para producir cambios positivos en nuestras vidas.

El proceso de renovación toma tiempo, y es distinto para cada persona. Si se retrasa en ti, puede que se daba a que te has salido de la rueda del Alfarero, has sido renuente a dejarte moldear y ser transformado, o puede que aún estés enganchado a rencores, rebeldía y a pecados ocultos que no has confesado. Pero si con todas tus fallas y caídas te sujetas firmemente del Alfarero, su gracia te ayudará a convertirte en la persona que Él quiere que seas.

Debes tomar en cuenta que es inevitable pasar por este proceso sin cometer faltas, vas a caer muchas veces porque tu humanidad te arrastra al pecado, aunque eso no significa que eres un fracaso, al contrario, si tomas conciencia de esa conducta vas por buen camino, pues de los errores se aprende, sirven para madurar, conocerte más a ti mismo y estar alertas para evitar cometer los mismos patrones de comportamiento del pasado. Cuando miras el ayer sin remordimientos, rencores o deseos de retaliación, aprendes de tus experiencias para mejorar tu presente y prepararte para el futuro.

Las cosas que ofrece la gente del mundo no vienen de Dios, sino de los pecadores de este mundo. La Biblia dice: «Cuando ustedes sean tentados a hacer lo malo, no le echen la culpa a Dios, porque él no puede ser tentado, ni tienta a nadie a hacer lo malo. Al contrario, cuando somos tentados, son nuestros propios deseos los que nos arrastran y dominan» (Stg 1:13-14 TLA). Aprende a reconocer tus tentaciones, confiésalas y déjalas a los pies de la cruz.

Dios quiere darte una forma semejante a la de Cristo. Desea transformar tu mente, alma y corazón para su gloria. Déjate tornear entre sus manos y serás una pieza única y perfecta para cumplir con su voluntad.

______________

Copyright. Todos los derechos reservados. Si quieres leer otros artículos como este sígueme en: https://lilivivelapalabra.wordpress.com/  https://www.facebook.com/reflexionesvivelapalabra

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí