Las enfermedades del alma, por Waldemar Gracia

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A la luz de la Escritura, se pude ver que hay contaminaciones que pueden alojarse en el espíritu del hombre, las que pueden afectar también al alma y al cuerpo, hasta destruir el ser integral.  Este tipo de contaminaciones son enfermedades del espíritu, las cuales no se refieren a espíritus inmundos, ni mucho menos al Espíritu Santo que habita en nosotros, sino propiamente a afecciones del espíritu humano.

Una enfermedad es una alteración de la salud de un cuerpo, causada por la ruptura del equilibrio en la relación de ese cuerpo con su medio ambiente; sí se hace una aplicación de ello a lo espiritual, se puede decir que las enfermedades del espíritu son alteraciones de la condición espiritual de una persona, como consecuencia de un desequilibrio en su relación con el ambiente espiritual en el que se desarrolla.  Sí una persona permanece enferma del espíritu, pone en riesgo su salvación y aun puede perderla, por lo que es necesario conocer, detectar y erradicar las enfermedades que pueden afectar al espíritu.

AMARGURA DE ESPÍRITU: Génesis 26:33-35:  Posiblemente es la más común y es provocada por las injusticias o bien por pensamientos o dardos lanzados por el enemigo, no necesariamente en el momento de la injusticia, sino después (Génesis 49:22-23).  Puede traer como consecuencia que la persona deje de alcanzar la gracia de Dios, contaminando su ser integral y contaminando a otros (Hebreos 12:15), por lo que debe ser eliminada a través de la ministración y de la sujeción a un ministro (1 S. 22:1-2).

TRIBULACIÓN DE ESPÍRITU:  Es un empeoramiento de la condición del espíritu humano, por causa de no haber ministrado la amargura de espíritu.  Puede provocar que el alma también se llene de amargura y aun que el cuerpo se enferme, pero puede ser sanada a través de la ministración y de la bendición ministerial.

QUEBRANTAMIENTO DE ESPÍRITU:  Proverbios 15:4:  Consiste en quebrantarse delante de los hombres, y no delante de Dios.  El quebrantamiento de espíritu es ocasionado por la perversidad de la lengua, ya sea de la persona misma o de otra, trayendo consigo desanimo e incluso depresión.  La solución para esta enfermedad consiste en quebrantarse delante de Dios (Salmos 51:17) y ser prudente en cuanto a lo que se oye (1 Corintios 15:33)

ALTIVEZ DE ESPÍRITU: Proverbios 15:18:  Es el resultado de tener un concepto más alto de sí mismo, que el que debe tenerse, ya sea por habilidades o talentos, como por las manifestaciones sobrenaturales o autoridad que es dada por Dios (Ezequiel 32:10-11).  La altivez es el paso previo a la caída puede ser detectada por medio del menosprecio que una persona muestra hacia los demás, incluyendo a sus autoridades.  La altivez debe ser combatida con el arrepentimiento y la humillación, para ver el valor e identidad personal (Apocalipsis 3:17-19) y, en algunos casos, por medio de un aguijón puesto por Dios (2 Corintios 12:7)

AFLICCIÓN DE ESPÍRITU: Eclesiastés 4:4:  Es el resultado de toda obra que se hace fuera del reposo de Dios, lo que es resultado de querer retener una condición especifica o envidiar la condición de otro.  La sabiduría, el conocimiento y el gozo humanos, y aun la abundancia material pueden provocar aflicción al espíritu humano (Eclesiastés 2:26; 4:6).  La aflicción de espíritu se manifiesta en inconformidad e insatisfacción, y posiblemente hasta de murmuración.  La solución consiste en la ministración, así como ofrecerse como sacrificio vivo, para conocer la voluntad de Dios y renovación de la mente (Romanos 12:1-2).

TRISTEZA DE ESPÍRITU: Isaías 54:6:  El significado de la palabra “tristeza”, denota algo que ha sido grabado o labrado, causando una herida profunda, lo cual puede ser por causa del abandono o el enojo de algunos seres amados hacia una persona.  La tristeza puede traer consigo desanimo y depresión, así como un alejamiento de la comunión con los demás.  La solución se encuentra en la ministración y en buscar la reconciliación con quienes provocaron la herida (San Mateo 18:15).

DESALIENTO DE ESPÍRITU: Isaías 61:3:  Consiste en un debilitamiento, un desmayo o un abatimiento espiritual, como consecuencia de circunstancias adversas durante periodos muy prolongados, o por alguna falla o pecado que se hubiere cometido, creyendo equivocadamente, que no existe perdón para ello.  Se manifiesta a través de la negatividad de la persona, así como la auto condenación ante cualquier situación o palabra escuchada; también se manifiesta en la falta de libertad para adorar a Dios.  Esta enfermedad debe ser eliminada por medio de la reconciliación con Dios y consigo mismo, así como por ser cubierto con manto de alabanza, a través de la ministración y la bendición de un ministro.

En conclusión, sí se considera el hogar de Lázaro, María y Marta, como una figura del ser integral, se puede notar que Lázaro, que representa el espíritu, murió a causa de una enfermedad; sin embargo, depuse de que Cristo lo resucitó, fue desatado por los discípulos, para poder caminar e irse.  Todo ello se refiere a una ministración que va dirigida al espíritu, a fin de que sea libre y ejerza la función que le corresponde, gobernando y ministrando al alma y cuerpo, tipificados en María y Marta, respectivamente (San Juan 11:1-44).

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