Los programas de divulgación alcanzan los lugares más críticos con presencia de asma, pero se necesita más ayuda

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Por Steve Hamm
Escritor del Connecticut Health I-Team


Robert Carmon tuvo un duro comienzo de vida. Poco después del nacer desarrolló asma, enfermedad crónica que causa inflamación en los pulmones y dificultad la respiración. Siendo un bebé, sus ataques eran tan severos que sus padres lo llevaban a la sala de emergencia prácticamente todas las semanas. Les aterrorizaba la idea de que pudiera morir.

Hoy, a los 7 años, el asma de Robert se ha estabilizado. Con la ayuda de su padre, Chaz Carmon, él inhala en la mañana y la tarde un medicamento a base de esteroides y lleva un inhalador de emergencia en su mochila, en caso de que le ocurra un ataque de asma en la escuela o en otro lugar.

Robert es un niño brillante y enérgico, pero no puede practicar deportes de mucha actividad física, debido a su asma. “Es duro para él”, dice su padre. “Solo tengo la esperanza de que crezca sin esto”.

El asma, una de las condiciones crónicas más extendidas en los Estados Unidos, afecta a aproximadamente 26.5 millones de personas en todo el país, alrededor del 8.3 por ciento de la población. Se desconoce la causa y no existe cura médica.

La enfermedad afecta desproporcionadamente a las personas de los vecindarios urbanos más desfavorecidos económicamente. De acuerdo con la Community Alliance for Research and Engagement (CARE), en los vecindarios Newhallville y Dixwell de New Haven (los Carmon viven en Newhallville), se estima que el 17 por ciento de los residentes reportan asma, más del doble de la tasa nacional.

La tasa de asma de Connecticut es peor que la tasa nacional, con un 11 por ciento para los niños y el 10.5 por ciento para los adultos, y va en aumento. Los vecindarios de Bridgeport, Hartford y New Haven se encuentran entre los más afectados. El dióxido de carbono producido por los automóviles, el humo del cigarrillo, el moho y las alimañas en las viviendas de baja calidad, están entre los factores desencadenantes.

“Tu código postal importa. Es un determinante de la salud”, dice Marie-Christine Bournacki, coordinadora del programa de asma del Departamento de Salud Pública de Connecticut.

De acuerdo con DataHaven, en el vecindario North Meadows de Hartford, el asma en niños desde el nacimiento hasta los 4 años, representó 1,738 visitas a hospitales por cada 10,000 residentes en el 2016.

En comparación, la tasa en Madison, una rica ciudad costera, fue de solo 78. El ingreso medio de los hogares en Madison es de $108,231; mientras que en North Meadows es $20,434.

Líderes del gobierno y del cuidado de la salud, dicen que la clave para avanzar en los vecindarios de clase trabajadora, es centrarse más efectivamente en algunos de los factores médicos, sociales y ambientales relacionados con la enfermedad, y coordinar mejor las respuestas de la sociedad. La doctora Beverley Sheares, profesora asociada de pediatría en la Escuela de Medicina de la universidad Yale, dice: “En estos entornos, el asma es un síntoma de lo que significa vivir en la pobreza, así que realmente hay que cambiar la vida de las personas pobres”.

El servicio de emergencia

Cuando los niños sufren ataques de asma severos, sus padres frecuentemente los llevan directamente a la sala de emergencias (ED por sus siglas en inglés) del hospital más cercano. Esto es lo correcto que hay que hacer, dicen los médicos de los servicios de emergencia, porque es difícil para los padres evaluar la gravedad de un ataque.

En el Centro Médico Infantil de Connecticut, en Hartford, los médicos de emergencia atienden de 1.500 a 2.000 niños por año por asma moderada o grave. Los procedimientos para el tratamiento del asma en el servicio de urgencias están bien establecidos, y los medicamentos a base de esteroides que se administran, permanecen en el cuerpo hasta 72 horas, por lo que es poco probable que los niños sufran otro ataque de asma de inmediato.

En el último año, el Connecticut Children’s introdujo un nuevo proceso para tratar a los pacientes más rápidamente, involucrando a las enfermeras con ellos desde el momento de su llegada. Anteriormente se tardaba un promedio de 75 minutos en tratar a los pacientes con asma.

Ahora son 34 minutos y el objetivo es 20. “Los niños entran con dificultad para respirar. Poder tratarlos de inmediato y ver un cambio rápido es bastante sorprendente”, dice Eric Hoppa, un médico de atención pediátrica en la sala de emergencias en el Connecticut Children’s Medical Center.

Marc Maldonado (2 años) de Fair Haven Heights, es examinado por la Dra. Pamela Kwittken, neumóloga, en la clínica del asma de Fair Haven Community Health Care. Fotos de Steve Hamm

Clínicas de barrio

Las personas económicamente desfavorecidas, suelen buscar atención medica en los centros de salud comunitarios y Connecticut tiene una red sólida de centros que operan en 38 ciudades y pueblos. Recientemente algunos de los centros han comenzado a establecer clínicas especializadas con el asma.

En New Haven, el Fair Haven Community Health Care abrió en junio su nueva clínica, Respiratory, Airway and Allergy Clinic (RAAC). Está compuesta por un médico certificado en el tratamiento de alergias y asma, un especialista en salud ocupacional, una enfermera y un coordinador que investiga los determinantes sociales del asma en cada paciente.

La meta es ayudarlos a hacer ajustes en sus vidas que reduzcan los desencadenantes. Todos los pacientes del centro de salud diagnosticados con asma, y aquellos que muestran signos o síntomas, son remitidos a la clínica, que es uno de las pocas de su tipo en el área de New Haven.

El asma puede afectar catastróficamente la vida de los niños. “Si no son tratados adecuadamente, faltan a la escuela, se sientan en casa y juegan juegos electrónicos y no socializan; ni salen para hacer ejercicio y tomar aire fresco”, dice la médica de la clínica RAAC de Fair Haven, Dra. Pamela Kwittken.

Por eso, es esencial que se tenga para los niños un plan de acción especial para enfrentar el asma. Estos documentos para llevarse a la casa describen el tratamiento que el paciente requiere de manera rutinaria y qué hacer si experimentan un ataque severo. Fair Haven comenzó a crear planes de acción rutinario desde hace 1 año y medio y ahora más del 50 por ciento de los pacientes infantiles con asma lo implementan.

Programas de divulgación

El en programa estatal de educación para el hogar sobre el asma en el hogar, “Putting On Airs”, los equipos de trabajadores de la salud realizan una serie de tres visitas domiciliarias a pacientes con asma. Por lo general, los equipos incluyen un educador de salud, que se asegura de que los inhaladores y otros medicamentos se usen correctamente, y un ambientalista que inspecciona las alfombras infectadas con polvo de garrapatas, los baños con moho e infecciones de ratones y cucarachas.

Recientemente, el equipo regional en el Departamento de Salud de Stratford que administra “Putting on Airs” para gran parte del Condado de Fairfield, agregó un tercer miembro: un trabajador comunitario de salud. Otros dos distritos de salud en otras partes del estado seguirán su ejemplo en los próximos meses.

La trabajadora de salud comunitaria en el equipo de Stratford, Millie Seguinot, ayuda a traducir del inglés al español durante las visitas domiciliarias, explica el uso de inhaladores en un lenguaje sencillo y busca identificar problemas sociales que afectan la capacidad de una familia para controlar el asma. Además, remite a las familias a las agencias de servicios sociales para obtener alimentos y ropa, así como les ayuda a hacer arreglos con las escuelas de sus hijos.

“Es importante tener a alguien con quien estas familias puedan relacionarse. Puede ser lenguaje, cultura, etnicidad o incluso apariencia física “, dice Seguinot.

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Esta historia fue reportada en asociación con el Equipo de Salud de Connecticut, una organización de noticias sin fines de lucro dedicada a los informes de salud. (c-hit.org)

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