Para salvar TPS se crea comité comunitario

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STAMFORD. En la Biblioteca Pública de Stamford un grupo de líderes comunitarios y de beneficiarios salvadoreños del Estatus de Protección Temporal, conocido como TPS se reunieron para buscar la forma de ayudar a presionar a las autoridades para que este beneficio se extienda, uniéndose a la campaña nacional “Salvemos el TPS”.

Déborah González-Sánchez, nativa de Guatemala, facilitadora comunitaria, hizo un llamado a los líderes comunitarios para que impulsen dentro de sus comunidades que el TPS no desaparezca y lo primero que hizo fue convocarlos en la biblioteca y explicarles los pasos que a nivel nacional la organización  Alianza por el TPS (National TPS Alliance)  está dando para luchar por que el TPS no sea revocado.

“EL bus Libertad está recorriendo a nivel nacional el país promoviendo el TPS y queremos que llegue a Stamford para que Connecticut también se involucre y participe activamente en esta lucha”, dijo González-Sánchez. 

Déborah González-Sánchez, preocupada por la suerte de los “tepeseanos” quienes están a punto de perder el TPS a pesar de que esta semana la Agencia de Inmigración (ICE) anunció que por asuntos administrativos la cancelación de este beneficio demorará un año más, se encuentra en la etapa de organizar un comité en Connecticut para “Salvar al TPS”, uniéndose a la campaña nacional que nació en California.

Entre los presentes estuvo Ana Martínez, nativa de San Miguel un departamento a casi cuatro horas de San Salvador, la capital, tiene la esperanza de que el TPS les sea renovado. Llegó al país hace 22 años y hace 19 años se acogió al TPS, tiene tres hijos nacidos en los Estados Unidos y hace algunos años atrás los médicos la declararon oficialmente “no vidente”; razones para no irse de los Estados Unidos porque no podría separarse de su familia ni tampoco podría ser atendida por los especialistas médicos en su país natal.

Martha Hernández, es nativa del Departamento de la Paz, a una hora de San Salvador. Vino a los Estados Unidos en 1992 y en 1997 se acogió al TPS. Llegó al país huyendo de los golpes y maltratos que su esposo le deba y aunque fue víctima de violencia doméstica nunca reportó el delito por miedo a su familia y a su pareja.

William Recinos, es de la Libertad, un poblado a 45 minutos de la capital salvadoreña, tiene el TPS desde que llegó en 1999 cuando apenas tenía 14 años de edad. Se educó desde la escuela media en Stamford y se graduó como mecánico en la secundaria técnica Rich Tech, trabaja como mecánico en una compañía, está casado con una mujer mexicana que está tramitando su Residencia Legal (Green Card) a través de su padre; tiene dos hijos nacidos en Stamford y también es pastor de una iglesia evangélica local.

Morena Castelló, es de San Marcos, ciudad a 20 minutos de la capital,  llegó a los Estados Unidos huyendo de la violencia doméstica que le propinó su marido pero nunca denunció a las autoridades ni comentó a su familia. Dejó tres hijos pequeños en su país natal y desde aquí con su trabajo los mantenía.

 Con el tiempo pudo traer a sus dos hijos, el menor se acogió a la ley de Residencia Juvenil y logró obtener su Residencia Legal (Green Card), pero su hijo mayor en el intento por cruzar la frontera fue detenido en Texas y enviado a Georgia para finalmente ser deportado. Aunque su hijo que está legalmente en el país, desafortunadamente, no puede solicitar su residencia legal como familiar inmediato debido a que ICE considera a este caso como si la madre hubiera abandonado a su hijo cuando decidió migrar a los Estados Unidos y por ende perdió sus derechos de progenitora, a pesar de que cuando el hijo, aún menor de edad, ingresó irregularmente al país la Corte de Familia le concedió su custodia legal. 

 Martínez, Hernández, Recinos y Castelló, coinciden en que volver a El Salvador es una decisión imposible de contemplar debido a que sus raíces están arraigadas en los Estados Unidos. En caso de que siga la revocatoria de negación del TPS decidirían quedarse en el país en forma irregular.

Todos coinciden en que no solamente hay pobreza en El Salvador sino el azote de la pandilla juvenil La Mara Salvatrucha.

William Recinos, vio de cerca a la Mara Salvatrucha. Su tío Lilo Recinos fue líder de su pueblo del grupo pandillero. Aunque él solo tenía diez años cuando experimentó el impacto nocivo de la pandilla, recuerda que su tío Lilo vivía en El Salvador y en Los Ángeles -California como pandillero aunque fue deportado. Lilo fue asesinado por los mismos pandilleros y en su casa el tema nunca se habló y se quedó como un secreto de familia, pero recuerda que el tío Lilo le pidió que nunca ingrese a la mara.

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