Prohibido el paso, por la Lic. Liliana D. González

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De seguro lo sabes, aunque es tan obvio que tal vez lo olvidaste, por eso quiero recordártelo. Eres un ser humano perfecto, único, completo, concebido a imagen y semejanza de Dios; tú recibiste por medio de Jesucristo los frutos espirituales para una vida plena: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22-23). Nada te falta, no estás incompleto ni defectuoso, incluso aquellos con discapacidades son seres perfectos y de alto potencial. Pero hay algo que te impide disfrutar de ti mismo: tu pensamiento.

En su libro, “Lo que sí importa en la vida”, el doctor en psicología, Richard Carlson, propuso el método de prohibirle el paso a cualquier idea que llegue a tu mente para robarte la paz, la alegría y las ganas de vivir. La mente funciona como una gran autopista, los pensamientos van y vienen de forma natural. Los positivos te mantienen alegre, optimista, osado; los negativos son tóxicos para el alma, te deprimen, atemorizan y desaniman. Si le das rienda suelta a los pensamientos negativos te sentirás sin fuerza, y peor aún, habrás perdido la esperanza.

La mayoría de las veces llegan a nuestra mente ideas sobre cosas que aún no han ocurrido y seguramente no van a suceder, pero como no sabemos apartarlas nos mortifican y nos roban la paz. Hace ya algún tiempo, una amiga cristiana debía tomar un vuelo por varias horas para estar presente durante el parto de su hija, meses antes de subirse al avión comenzó a sentir miedo, la invadieron pensamientos de accidentes y muerte. La alegría de viajar para conocer a su nieto se transformó en un martirio porque caviló en escenarios de infortunio y desdicha.

Seguramente has escuchado testimonios de personas con experiencias terribles que han superado sus adversidades apoyadas en Dios. Hace poco leí en la prensa el caso de una mujer que nació sin brazos, valiéndose de sus pies y de sus pensamientos de fe logró graduarse de abogada, contrajo nupcias, tiene un empleo y se siente feliz. Esta vida contrasta con la de mujeres saludables, completas, atractivas y glamorosas que están atadas a la anorexia por sentirse inconformes con sus cuerpos. A pesar de tener grandes bendiciones jamás podrán estar satisfechas si sus mentes inseguras sentencian lo contrario.

Suele ocurrir que cuando estamos animados y deseosos por alzar una meta, los pensamientos nos gritan: «¡no va a resultar!», una y otra vez intentan llamar nuestra atención: «¡déjalo, no vas a lograrlo!». Si nos detenemos a escucharlos nos desanimamos y abandonamos el proyecto.

Para sacar los malos pensamientos de tu mente comienza por prestar atención a lo que estás pensando. Tú controlas tus pensamientos, no ellos a ti. Cada vez que vengan a tu mente ideas angustiantes y pesimistas, concéntrate y medita en las promesas de Dios. El apóstol Pablo le dijo a un grupo de cristianos en la ciudad de Filipos: «Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza» (Filipenses 4:8 NTV).

El que medita en la Palabra de Dios tiene la mente de Cristo y los pensamientos de su corazón; nada puede perturbarlo ni robarle el gozo espiritual. En el Salmo 94:19, David expreso: «Cuando en mí la angustia iba en aumento, tu consuelo llenaba mi alma de alegría». Aunque tengas muchas razones para preocuparte, permite que Cristo te transforme en una persona nueva al cambiarte la manera de pensar. Solo así conocerás la voluntad de Dios para ti, la cual es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

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