¿Puede la envidia llevar al asesinato?, por Waldemar Gracia

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El sentimiento de envidia puede ser mortal. Todos tenemos algo de Caín en nosotros. Todos hemos sentido algo de envidia alguna vez. No debemos confundir la envidia con la admiración que sentimos o el deseo de “imitar” a otros que han tenido éxito. No hay nada malo en tratar de imitar lo que es bueno y provechoso para nosotros.

Yo creo que todos hemos oído la historia de Caín y Abel. Trata sobre el primer asesinato cometido en la historia de la humanidad. Dice la Biblia que Caín se molestó mucho cuando su hermano Abel fue bendecido por Dios al ofrecer una mejor ofrenda que el. El relato cuenta que Caín le invitó a caminar por el campo y allí lo mató. De este momento en adelante los casos de abusos y muerte por causa de un envidioso son incontables hasta el día de hoy.

Caín y Abel han venido a ser sinónimos de lo que nos sucede a diario. Todos enfrentamos situaciones donde somos envidiosos o somos envidiados. A veces asesinamos el carácter de nuestro prójimo con nuestra envidia, o somos víctimas inocentes del chisme y la difamación.   

Tal vez deberíamos de explorar el origen y significado de esta palabra y descubrir lo que todo esto encierra. 

Según el diccionario la palabra “envidia” viene del latín invidere. Esta palabra latina tiene tres significados   aparentemente opuestos entre sí, pero que definen muy bien el mecanismo espiritual de este vicio.

In-videre significa por un lado mirar atentamente, casi como penetrando con la mirada: ver adentro. La preposición in tiene en latín, como el equivalente castellano en, el sentido de dentro. La envidia supone, por lo tanto, en un primer momento, una mirada escrutadora, apasionada y codiciosa sobre el bien ajeno: un mirar adentro, exploratorio, del bien ajeno y sentir cello por ello.

Dicen que la envidia es el único vicio no placentero y el único pecado que no hace mal a los demás, sino a las personas que lo ejecutan. La peor cualidad de este estado de ánimo consiste en que no se desea, propiamente, lo que gozan los demás, sino que el principal objetivo del envidioso es que otras personas no disfruten. Por esta razón, la envidia es una podredumbre del alma.

Dijo un gran pensador que la envidia puede vestirse elegantemente con colores de crítica objetiva y diplomacia. Pero sigue siendo Envidia, que hace más daño al envidioso que al envidiado. El envidiado inteligente aprovechará para corregir sus errores, mientras que el envidioso seguirá pudriéndose por dentro.

Miguel de Unamuno decía: “La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual”.

Desde el punto de vista psicológico, la envidia revela una deficiencia de la personalidad. ¿Qué es lo que se oculta por el envidioso?: En primer lugar, su posición inferior respecto del envidiado. De ningún modo se estará dispuesto a reconocer la superioridad del otro, y tenderá al hipercriticismo (o sea las críticas injustas y magnificadas), en la forma más sofisticada, o la difamación, en la forma más tosca, y trabajará precisamente para socavar la posibilidad de que los demás(envidiados) forjen o mantengan su superioridad (sobre el envidiado).

La envidia supone una serie de connotaciones morales negativas (maldad, doblez, astucia) que el envidioso sabe caerían sobre él. Por consiguiente, la envidia se racionalizará (es decir se “razonará”, pero falsamente) muchas veces de forma que aparezca incluso como crítica generosa (“la verdad es hija de Dios”, “digo esto por tu bien”, o “no es por nada…pero…”) En la envidia se disimula y oculta, porque , de descubrirse ésta, los demás notarían de inmediato la carencia del envidioso, visible en el bien que el envidiado posee.

Sabemos de qué carece el envidioso a partir de aquello que envidia en el otro. El envidioso es suspicaz, desconfiado. La envidia puede crecer a tal grado en el corazón y la mente del envidioso, que éste puede llegar a estados mentales de franca perturbación de su personalidad, (por ejemplo: las personalidades narcisistas y paranoides, así como las antisociales), pudiendo llegar a estados de pérdida de contacto con la realidad. La envidia se alimenta desde la impotencia del envidioso.

Pero no todo está perdido. La Buena noticia es que tú puedes ser liberado de la envidia si te lo propones. Lo importante es que cada quien mire hacia sí mismo y se autoanalice qué envidia a quien ; cómo y cuánto se envidia, para a partir de este ejercicio psicológico , plantearse el cambio personal que nos podría hacer ver a las personas y al mundo de una forma más sana…y sin envenenarnos el alma, ni hacer daño a otros.

Recuerda, el envidioso solo se hace daño a sí mismo. Abel murió a causa de la envidia de su hermano Caín. Pero estoy seguro que a la larga, Caín llevó la peor parte. ¿De qué lado estás? ¿De Caín? ¿O de Abel?

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