Alguien dijo una vez que «las apariencias engañan». En este tiempo que vivimos, muchos somos engañados por la apariencia de las cosas. «No todo lo que brilla es Oro». Pore so es muy importante que nos detengamos un momento y consideremos el verdadero valor de las cosas. La verdadera fecilidad no está en las cosas que compramos, sino en las que tenemos. Si sabemos valorar lo que tenemos, entonces, estaremos en buen camino. Dije las cosas que tenemos, no por que las hayamos comprador, sino por que las cosas cosas más valiosas en nuestra vida son completamente gratuitas. ¿Lo cree? Bueno; dígame: ¿Cuanto pagó pagó por nacer? ¿Cuanto te costó ser tú? ¿Cuanto has pagado por la vida que tienes? Si agregamos otras cosas como la salud, la familia, etc. creo que entenderemos que lo que verdaderamente tiene valor, jamás podrá ser comprador. Veamos la siguiente ilustración y meditemos sobre esto:
Una vez, un padre de una familia acaudalada llevó a su hijo a un viaje por el campo, con el firme propósito de que viera cuan pobre era la gente del campo que comprendiera el valor de las cosas y lo afortunados que eran ellos. Estuvieron por espacio de un día y una noche completos en la granja de una familia campesina muy humilde.
Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pregunta a su hijo:
- ¿ Que te pareció el viaje?
- !!Muy lindo papá!!
- ¿Viste que tan pobre y necesitada puede ser la gente?
- ¡ Si ¡
- ¿Y que aprendiste?
- Vi que nosotros tenemos un perro en casa, y ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina de 25 metros, ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos lámparas importadas en el patio, ellos tienen miles de estrellas. Nuestro patio llega hasta el limite de la casa, el de ellos tiene todo el horizonte. Especialmente papá, vi que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia. Tú y mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo y rara es la vez que charlan conmigo.
Al terminar el relato, el padre se quedó mudo...y su hijo agregó: - Gracias papá, por enseñarme lo ricos que podríamos llegar a ser.
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Recuerdo una historia que me contaron acerca de un hombre que tomándole el pelo a su prójimo produjo gran ganacia. De momento podriamos culpar de aprovechado y oportunista a este hombre. Pero si pensamos un poco más detenidamente, podemos descubrir que lo que causó el problema fue la ambición desmedida de la gente del pueblo.Bueno, la historia dice así:
Una vez llegó al pueblo un señor, muy elegante y muy bien vestido, se instaló en el único hotel que había. El fue informado que en ese lugar abundaban las Liebres silvestres. El tenía un pequeño capital que quiso multiplicar y precisamente la abundancia de Liebres silvestres le dió una gran idea que de inmediato puso en practica. Inmediatamente puso un aviso en la única página del periódico local: que estaba dispuesto a comprar cada Liebre silvestre que le traigan por $10.00.
Los campesinos y vecinos de aquel lugar, que sabían que el bosque estaba lleno de Liebres silvestres, salieron corriendo a cazar Liebres silvestres. El hombre compró, como había prometido en el aviso, los cientos de Liebres silvestres que le trajeron a $10 cada uno sin chistar.
Pero, como ya quedaban muy pocas Liebres silvestres en el bosque, y era difícil cazarlas, los campesinos y vecinos perdieron interés, entonces el hombre ofreció $20 por cada Liebre silvestre, y los campesinos corrieron otra vez al bosque.
Nuevamente, fueron mermando las Liebres silvestres, y el hombre elevó la oferta a $25, y los campesinos volvieron al bosque, cazando las pocos Liebres silvestres que quedaban, hasta que ya era casi imposible encontrar una.
Llegado a este punto, el hombre ofreció $50 por cada Liebre silvestre, pero, como tenía negocios que atender en la ciudad, dejaría a cargo de su ayudante el negocio de la compra de Liebres silvestres.
Una vez que viajó el hombre a la ciudad, su ayudante se dirigió a los campesinos y vecinos diciéndoles: Fíjense en esta jaula llena de miles de Liebres silvestres que mi jefe compró para su colección. Yo les ofrezco venderles a ustedes las Liebres silvestres por $35, y cuando el jefe regrese de la ciudad, se los venden por $50 cada una. Los campesinos y vecinos juntaron todos sus ahorros y compraron las miles de Liebres silvestres que había en la gran jaula, y esperaron el regreso del ‘jefe’.
Desde ese día, no volvieron a ver ni al ayudante ni al jefe. Lo único que vieron fue la jaula llena de Liebres silvestres que compraron con sus ahorros de toda la vida.
Ahora sí tienen ustedes una idea bien clara de cómo funciona el Mercado de Valores y la Bolsa.
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Las opiniones vertidas por Waldemar Gracia no reflejan la posición de la Voz Hispana. Nombres, lugares y circunstancias han sido alterados para proteger la identidad de los personajes citados en la historia.
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