- ¡Aquí en mi casa no me vengan a “filubustear”! – gritó la tía Filomena.
¿Filibustear?
Es que la vieja iba a empezar su oración para dar gracias al de Arriba por el sancocho dominical que nos íbamos a devorar y nadie le prestó atención.
En una esquina, el tío Epaminondas explicaba la batalla de Obama contra los ambiciosos banqueros de Wall Street, responsables de la crisis económica.
En otro rincón, mi prima Engracia, le hacía la cuenta a sus primas, de las 19 amantes del Tiger Woods.
Ifigenia calculaba –en su celular- los días que faltan para presentar la declaración de taxes.
Y un tipo -que creo es pariente político- apostaba a que Eslovenia y Eslovaquia serían campeón y subcampeón del Mundial de Fútbol.
- No me sigan “filubusteando” –golpeó la mesa mi veterana tía.
La vieja estaba pálida de la rabia, pero más lívidos quedamos todos sus parientes, con el tal verbo “filibustear”.
Tan pronto se impuso el orden, y nos sentamos a manteles, la vieja arrancó dando las gracias a Dios por cada uno de los veintisiete ingredientes que le agregó a la olla del sancocho. Después del “amén”, todos quedamos en silencio.
- ¿Es que nadie va a hablar?
- Tía, es que no sabemos qué diablos es “filibustear” –respondimos en coro.
Como ocurre siempre que mi familia confiesa ignorancia en algún tema, el tío Epaminondas aceptó la misión de desasnar a sus parientes.
“Filibuster” es un recurso político que se usa en el Senado para dilatar el debate sobre una Ley, o impedir que ésta se vote.
Un senador pide la palabra y no para de hablar durante horas, impidiendo que continúe el debate. Habla sobre el estado del tiempo, la lista del mercado, los resultados del SuperBowl, la importancia de llegar virgen al matrimonio, la obesidad de Santa Claus, los poemas de amor que le escribió a su primera novia, los apodos de sus compañeros en la escuela, el análisis de las posibilidades de viajar a Marte, la próstata de Napoleón…
- ¡No más discursos, tío! ¿Es que no vas a parar?
- Esa misma pregunta la plantean los senadores cuando hay filibuster.
La clave del “filibuster” es tener un gran dominio sobre la vejiga, porque si el senador se larga al baño a aligerar su riñón, pueden aprobar la Ley que él intentaba obstruir.
Hasta hace pocos días, los demócratas confiaban que podrían impulsar las reformas pendientes sin muchos problemas, ya que controlaban 60 de los 100 asientos en el Senado. Con esa mayoría, los republicanos no podían usar el “filibuster”.
Es que para frenar un “filibuster”, se requiere que un mínimo de 60 senadores vote para limitar el tiempo del debate. Eso se llama “cloture”.
Pero los demócratas acaban de perder un asiento en el Senado. La alineación quedó entonces: 59 demócratas y 41 republicanos.
Esto quiere decir que los republicanos pueden utilizar el “filibuster”, para amargarle a los demócratas -y a Obama- sus planes de impulsar las reformas (incluida la reforma migratoria).
Claro que ese recurso lo han utilizado ambos partidos.
Por allá en los años 60’s, los senadores demócratas realizaron un “filibuster” -durante 75 horas- para bloquear un debate sobre Derechos civiles. El senador Robert Byrd, demócrata de West Virginia, habló en esa ocasión sin parar (y sin aliviar sus urgencias digestivas y renales) durante 14 horas y 13 minutos.
En vista que el tío habló y habló durante más de tres horas, nadie le metió cuchara al delicioso sancocho que con tanto esmero preparó la Filomena. La vieja no se aguantó más.
- ¡Cállate ya Epaminondas! Me “filibusteaste” el sancocho
__________VERBATIM
En la guerra uno puede ser muerto una sola vez.En política… muchas veces.
Winston Churchill







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