Esta madrugada me sorprendí, encuerado, despeinado y con mis párpados a media asta, asomado sobre el espejo del baño, preguntándome por vigésima tercera ocasión, en la misma noche:
- ¿Será que nuestra güerita gobernadora desconoce cómo diablos luce un inmigrante, con insomnio?
Es que su cándida confesión resulta muy preocupante, más cuando ella acaba de firmar –de su puño y letra, y en un acto público- una Ley con implicaciones tan racistas como la ya famosa SB1070.
En apenas 90 días, dicha Ley convertirá a unos policías terrenales, en ángeles vengadores, dotados de poderes celestiales.
Cualquier policía, animado por sus prejuicios, quedará dotado del poder de señalar -a puro ojo- quién tiene apariencia criminal.
Así puede privar de su libertad a personas –como tú y como yo- y separar a familias de trabajadores –como la tuya y la mía- invocando el nombre de la Ley.
Por fortuna no todos los funcionarios en Arizona viven en ese mismo estado (no me refiero al estado de Arizona, sino al estado de virginal ignorancia de su gobernadora)
El famosísimo señor Arpaio, sheriff de Arizona, (quien pertenece a la misma raza de “caza recompensas”, que disparando desde la cintura “conquistó el oeste”) sí conoce, como pocos, el color, acento y costumbres de un inmigrante.
Yo sé que el sheriff Arpaio sufre mucho.
Cada vez que entra la primavera, yo también sufro de alergias.
La diferencia entres las alergias del sufrido sheriff y las mías, es que yo no resisto el polen, la aparición de los ácaros y la presencia en el ambiente del pelo del gato de mi vecina.
El amigo Arpaio lo que no resiste es la presencia de un ser humano que no tenga “su” color, “su” apariencia, “su” dominio de la lengua de Shakespiere (con “su” acento de cowboy) y que, además, no sea –como él- republicano.
Y me veo precisado a resaltar lo de republicano, porque para dar a luz este esperpento jurídico, se necesita que un republicano proponga esa Ley, que unos republicanos la promuevan, que una mayoría de legisladores republicanos la apruebe, que una gobernadora republicana la firme y que un sheriff –tan republicano como Arpaio- la ejecute. ¡Ah! Y que culpen de semejante metida de pata a un demócrata: al presidente Obama.
Para poder entender esa ley - a tan temprana hora de la madrugada- me pregunté:
Si Joe Arpaio observa a las siguientes cinco personas ¿a cuál de ellas ordenaría detener, incriminar y deportar, por lucir como “razonablemente sospechoso”?
1. Un ciudadano norteamericano, nacido en Arizona, de origen mexicano (que no cruzó la frontera sino que la frontera lo cruzó a él)
2. Un trabajador que emigró de México y ahora es ciudadano.
3. Un trabajador que llegó de Centroamérica y ahora es residente de Arizona.
4. Un inmigrante, sin papeles, que atravesó el desierto, desde México, para trabajar.
5. Un indígena navajo, nativo de Arizona (con 4.000 años de residencia en ese territorio).
La respuesta es muy fácil: como los cinco lucen igualitos, el popular Sheriff Arpaio citará a una rueda de prensa para exhibir –como en aquellos tiempos del circo romano- a los cinco herejes que acaba de capturar.
En un acto humanitario, dotará a los cinco con calzoncillos rosados y uniformes a rayas.
Antes de deportarlos, los hará desfilar encadenados, frente a las cámaras, para que el mundo aprenda la lección de cómo funciona la Ley en Arizona.
(¡Ay! Me voy a pellizcar –donde más me duela- para comprobar que no sueño despierto)
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VERBATIM
Aunque toda sociedad está basada en la intolerancia,
todo progreso estriba en la tolerancia.
George Bernard Shaw












