Estoy hasta las amígdalas de opciones.
Anoche estaba feliz y quería disfrutar de buena música. Me conecté los audífonos de mi ipod, y -ahí mismo- me deprimí.
Entre las 14 mil canciones que tengo grabadas, ¿cuál escucho…?
- ¿“Rata de dos patas” de Paquita la del Barrio? o ¿”Las Cuatro Estaciones”: de Vivaldi?
- ¿”Pacas de a kilo” de los Tigres del Norte? o ¿La “Tocatta y Fuga” de Bach?
- ¿”Me gusta la gasolina” de Daddy Yankee? o ¿“La Novena Sinfonía” de Beethoven?
- ¿”Abusadora” del Wilfrido Vargas? o ¿ La “Marcha turca” del Mozart?
- ¡Ay! tía, la tragedia de nuestra sociedad de consumo es tener demasiadas opciones.
- Mijo, no escojas canciones. Disfruta de un buen concierto –me recomendó la vieja.
Pero amaneció y no me pude decidir, entre un “Concierto para clavecín en Fa Menor, para violín y oboe, de Johann Sebastian Bach”, o un “Concierto de narcocorridos para acordeón, tuba, tololoche, tarola y clarinete”, (con sonido de ráfagas de AK-47 en el fondo) del “Jefe de jefes”
¡Por favor, no tantas opciones!
Uno va a un restaurante y entre las opciones de la carta debes escoger, entre: 32 platos, 12 sopas, 21 entradas y 16 postres.
Apenas uno va leyendo el primer renglón, cuando disparan la pregunta:
- ¿Ya está listo?
- Señorita, déme tiempo.
- Tranquilo señor, regreso en 30 segundos.
Cuando la impaciente jovencita retorna para recibir la orden, uno ya tomó la única decisión que no exige tanto análisis.
- Quiero una hamburguesa… ¡y punto!
Preciso, ahí… se vuelven a multiplicar las opciones:
- ¿Con queso? Tenemos americano, mozarella, provolone, requesón panela, cotija, doble crema, chihuahueño y de bola.
- Gracias, señorita, pero con tantas opciones… se me pasó el hambre.
Tener muchas opciones no siempre es felicidad. Yo me pongo en el lugar de esos jeques árabes que cargan un harem de 40 esposas.
¡Que tragedia para esos güeyes!
- ¿Hoy me acuesto con la Anastasia o con la Carolina? ¿Y si me acuesto con Ana será que Prudencia se pone celosa? ¡Ah! Esta noche le tocó el turno a Isidora pues hace dos meses que no le muerdo las orejitas.
Tantas opciones me paralizan.
Una vendedora de celulares intentó venderme el último aparato.
- Es una maravilla. Entre cien mil opciones de aplicaciones puede bajar las que quiera.
- Señorita, ¿y a qué horas hablo?
Si con demasiadas opciones te enloqueces, con opciones mínimas también te sientes miserable.
Cuando yo tenía 5 años, sufrí mi primer trauma. Mi maestra me disparó esta pregunta:
- A quién quieres más, a tu papá o a tu mamá?
A esas alturas del partido, a la que yo quería era a mi maestra (que tenía una cara angelical y unas “boobies” de infarto), pero… ¡Qué frustración! Ella no figuraba en la lista de opciones. Ahora estamos en época de elecciones, y entre 340 millones de personas, nos dan a escoger: o un republicano o un demócrata.
¡Ay mi madre! Ahí es cuando echo de menos las 14 mil canciones que tengo en mi ipod. Los 32 platos, 12 sopas, 21 entradas y 16 postres del restaurante de la esquina. Las 40 esposas del sufrido jeque árabe. Y hasta las 100 mil aplicaciones que puedo bajar a mi celular.
VERBATIM
“Con tantas opciones ya no sé si me volví indeciso o inseguro, irresoluto o vacilante. ¿O serán todas las anteriores? ¿O será todo lo contrario?”








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