«Yo tuve que salir de Colombia, por estar peleando por los derechos de los presos políticos y los maestros. Dentro del movimiento sindical colombiano los profesores son a los que más matan en mi país, ya que supuestamente son los que educan a las gentes; por lo cual, siempre están en la mira de los servicios de seguridad….»: John Jairo Lugo
Para unos él es una especie de hippie; otros dicen que aparenta ser un rebelde sin causa; y para otros es un extremista. En verdad, John Jairo Lugo, representante de la agencia Community Mediation, en el área de New Haven, es simplemente un mediador social, que lucha incansablemente por los derechos de los más desposeídos y también por aquellos que sufren las injusticias que les ofrece la vida; como las que le tocó vivir a él en carne propia cursando estudios en la universidad, que por sus ideas políticas, en un momento dado tuvo que salir volando para evitar que le cayeran encima y lo «hicieran desaparecer», como ocurre a menudo en ciertos gobiernos latinoamericanos.
«Yo logré llegar a los Estados Unidos en 1986, recién salido de la cárcel pues me habían implicado en un caso en la Universidad donde yo era dirigente estudiantil,» empezó relatándonos su vida. «Vine aquí huyendo de una situación de peligro porque ya habían empezado a matar a algunos de mis amigos, entonces decidí salir en la clandestinidad buscando refugio…»
Fue así como Lugo salió en busca de territorio neutral. «Mi meta era llegar a Canadá, para solicitar asilo político,» nos decía. «Fue así que eché primero para México, donde crucé para acá, a los Estados Unidos».
Ya en tierras del «Tio Sam», John Jairo Lugo se establece en un pueblo pequeño conocido como Ellenville, cerca a los Catskills, donde queda La Montaña del Oso. «Allí estuve un año trabajando en un restaurante lavando platos,» señalaba. «Hasta que decidí irme para el vecino del norte.
Desafortunadamente, cuando ya iba a la conquista de Canadá, el destino le juega una mala pasada. «Cuando iba a cruzar la frontera, fui detenido por Inmigración de los Estados Unidos,» explicaba el mediador de Community Mediation. «Estuve muy de malas, ya que cuando me cogió la Migra, solo necesitaba recorrer unos 50 metros para llegar al puesto fronterizo, donde me estaba esperando una abogada de Montreal, quien me iba a representar a en mi solicitud de asilo,» añadió.
El caso fue que Lugo fue llevado por Inmigración a una cárcel en Burlington, Vermont, y días después es enviado a otro centro de detención en Miami, mejor conocido como el «Krome Center», donde le inician un proceso de deportación, a lo cual se opone, con muchos documentos y pruebas.
«Yo dije que no, porque tenía una cantidad de pruebas con amenazas contra mi vida; lo mismo que cartas de apoyo para pedir asilo político y unas cuantas copias de periódicos que refrendaban mis temores sobre mi seguridad en Colombia,» señalaba este líder de la comunidad. «Fue así como estando encerrado, solicité el asilo».
John Jairo Lugo pasó dos meses «encerrado» en el Krome Center, y gracias a una colecta que hacen unos amigos, logra salir con una fianza de cinco mil dólares, mientras comienza su batalla legal para evitar su deportación.
«Como en Miami solo habían organismos de ayuda para los inmigrantes centroamericanos o cubanos; para mi era muy difícil sobrevivir allí y poder sustentar mi caso, sobre todo siendo un colombiano pidiendo asilo político. Fue así que decidí venir para Nueva York, en busca de mejores oportunidades.»
Y esa oportunidad llegó, cuando Lugo logra coronar su asilo político, el cual le fue concedido en el año de 1989, en la Corte Federal de Manhattan.
Estando en Nueva York, John Jairo, conoce a un grupo de compatriotas que estaban haciendo solidaridad con Colombia. «Y me vinculé a ellos, porque esa era mi pasión,» expresó. «En ese tiempo del paso de la década de los 80’s a los 90’s, comenzaron las grandes masacres y la creación de los grupos paramilitares, por lo cual nosotros comenzamos una campaña de educación aquí sobre los efectos de la ayuda militar en Colombia; y es así como me concentro en ese trabajo luego de que obtengo el asilo político».
Ya para ese tiempo John Jairo Lugo echa raíces en New Haven, luego de conocer a una compañera sentimental que vivía aquí, y de esa manera es como consigue sus primeros empleos, trabajando para el Restaurante Atticus y Tony’s Restaurant (hoy Olive Garden).
«Yo continué con mi labor de denuncia de violación de los derechos humanos en Colombia, y en este estado fundamos una asociación mejor conocida como Colombia Action Network, Connecticut, que era parte de una red nacional de trabajo,» describía Lugo. «También creamos una organización aquí en New Haven, que se llamaba La Muralla, que básicamente era un grupo cultural que promovía la cultura latina en general, haciendo noches bohemias, trayendo artistas, y otras cosas más. Todo esto confluía en un solo espacio, que se llamaba la Casa Cultural Julia de Burgos, en el 301 de la Crown Street, cuyo nombre actualmente es simplemente «La Casa.»
John Jairo Lugo empieza a trabajar ahí culturalmente, gracias a las gestiones del que en aquel entonces era director de la entidad, el guitarrista flamenco Valeriano Ramos. Yun poco más tarde es invitado a ser parte de la Junta Directiva de La Casa. «A través de esto, empezamos a promover trabajo cultural, trabajo de derechos humanos y trabajo de denuncia, especialmente con casos relativos a El Salvador, Nicaragua, Colombia, por supuesto, y también con los puertorriqueños.»
Ya un poco más empapado de la dinámica de esta ciudad, este activista comunitario empieza la lucha por una de las instituciones latinas de más arraigo en la comunidad. «A principios de los 90’s empezamos la defensa del Centro San José, que lo querían acabar,» explicaba. «Trabajamos con el director que en ese tiempo era Roberto Ortiz, y eventualmente después con Peter Noble.»
Para John Jairo Lugo, ese fue un trabajo arduo y diverso el de la década de los 90’s. «Nuestra comunidad ya estaba posicionada, y lo que nosotros hicimos fue tratar de afianzarla para que fuera reconocida. Queríamos que la gente no solamente viera lo malo de nosotros; sino también que se reconocieran todos nuestros valores.»
Luego de la llegada de oleadas de inmigrantes de México y otras naciones a la ciudad y sus alrededores, la diversidad de gentes en los vecindarios, y el crecimiento de los negocios latinos por todas partes, también comienzan los problemas de inseguridad y los ataques en contra de los inmigrantes. Es por eso que Lugo y su equipo empiezan a tomar cartas en el asunto.
«En el 2002, decidimos crear un grupo de trabajo con inmigrantes, al cual le denominamos como Unidad Latina en Acción, y es así como empezamos otras luchas,» anotaba este hombre insignia en la defensa de los derechos humanos. «De hecho, comenzamos a coordinar trabajos con otras organizaciones locales como Junta, que en ese tiempo dirigía Kica Matos. También empezamos nuestros primeros diálogos con la policía, los cuales hicimos en la Iglesia Santa Rosa de Lima, con el padre William Burban y el Padre Agustín como también en la Iglesia Sagrado Corazón y con el grupo de los Obreros Católicos».
Para Lugo, todo este trabajo combinado entre estos personajes y agencias ha dado sus frutos. Para él, la aprobación de la Tarjeta de Identificación Municipal y una mejor relación con el Departamento de la Policía y el gobierno de la ciudad, son pruebas suficientes de lo que se ha obtenido hasta ahora.
En el año de 1995, se abre una posición en la organización Community Mediation, que estaba situada en ese entonces en la esquina de la Atwater Street y Grand Avenue. Y como John Jairo Lugo para ese entonces estaba desempleado, aplicó para el puesto y le resultó. «Eventualmente me lo dieron y comencé mi empleo como Coordinador de Trabajo de Campo con la Comunidad Latina,», nos refirió. «Yo entré e hicimos el segundo entrenamiento para que los latinos fueran mediadores comunitarios. Como yo era activista consumado, el puesto me vino como anillo al dedo.»
Con casi ya 15 años de laborar en Community Mediation, Lugo ha trasegado y ha luchado por los derechos y querellas de cientos de personas e inmigrantes de diferente índole. «Yo soy un mediador comunitario que tratar de resolver los problemas que afuera se presentan,» indicaba. «Con la Corte de Adultos trabajé 12 años, y por los últimos dos años he estado involucrado con la Corte Juvenil. Actualmente, estoy trabajando con la Junta de Revisión Juvenil, la cual le da la oportunidad a los muchachos que son infractores de la ley por primera vez, para que participen en un programa que les permite salir completamente limpios sin tener que enfrentar el sistema judicial,» decía finalmente.
Hoy día en sus nuevas oficinas situadas en el 32 de Elm Street, New Haven, usted podrá encontrar a este funcionario de Community Mediation. Y si no está allí, rodeado de sus afiches del Che Guevara, Bob Marley, Piri Tomas, y otros personajes más; usted podrá encontrarlo en cualquier lugar donde se les estén pisoteando los derechos a cualquier persona y donde la injusticia reine. De aspecto humilde, pero con mucha valentía, a John Jairo Lugo no le tiembla el pulso para tratar de abogar por aquellos que están más desprotegidos. El va más allá de ser un mediador, es un guerrillero de la desigualdad.











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