Señor, ¡auméntanos la fe!, por Lic. Liliana D. González

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Los cristianos al igual que los niños debemos estar en continuo crecimiento. Si no estamos creciendo en la fe y el conocimiento del Hijo de Dios, entonces estamos jugando a ser creyentes. Tú puedes decir que crees en Dios, pero eso no te hace un cristiano, aun los demonios creen, y tiemblan (Stg 2:19). Tampoco eres un cristiano porque recitaste una oración en la cual aceptaste a Jesús como tu salvador, nadie se gana la salvación por sus propias acciones. La gracia de Dios es la que salva por medio de la fe. Ésta no nació de nosotros, sino que es un don de Dios (Ef 2:8-9).

Un verdadero cristiano es aquel que admite que es un pecador y que no puede contribuir en lo absoluto a su propia salvación. Es alguien que confiesa a Jesucristo no por emocionalismo religioso, sino que le sigue y está dispuesto cada día a renunciar a sus propios deseos para hacer la voluntad de Dios. Un creyente genuino sabe que la voluntad de Dios es que él llegue a ser igual a Cristo (Ro 8:29). Es decir, que piense como Cristo, hable como Cristo, actúe como Cristo y ame como Cristo.

Para avanzar hacia esa meta, al máximo llamamiento de Dios en Cristo Jesús, necesitamos unirnos al clamor de los discípulos y pedirle a Dios: «¡auméntanos la fe!» (Lc 17:5). Esta debe ser nuestra oración ferviente y contante, pues es muy triste admitirlo, pero miles de hombres y mujeres que llenan las iglesias cada semana no están creciendo en la fe de nuestro Señor Jesucristo, sino que permanecen toda su vida como bebés espirituales. Esto no es novedad, los evangelios describen como el apóstol Pablo con supremo pesar le dijo a un grupo de cristianos en Corinto: “Yo, hermanos, no pude dirigirme a ustedes como a espirituales, sino como a inmaduros, apenas niños en Cristo” (1 Co 3 NVI). Es una tragedia que creyentes con años en el evangelio aún estén controlados por su naturaleza pecaminosa, tengan celos unos de otros y riñan entre sí. Son personas de doble ánimo que al salir del culto sufren de amnesia cristiana y niegan la fe con sus acciones.

Dios no está interesado únicamente en nuestra conversión, Él quiere transformarnos a la imagen de su Hijo. Esto es una obra que dura la vida entera y que Dios va perfeccionando hasta que quede completamente terminada el día que Cristo vuelva (Fil 1:6).

Los cristianos necesitamos crecer en fe porque por ella viviremos eternamente (Hab 2:4). Por medio de ella recibimos al Señor y andamos en Él (Col 2:6). Sin la fe es imposible agradar a Dios. (Heb 11:6). Si no estás creciendo en la fe, si no hay ningún fruto de Cristo en ti, arrepiéntete, regresa al primer amor, oye con atención las Buenas Nuevas. Pues, la fe nace al oír el mensaje, y el mensaje viene de la palabra de Cristo (Ro 10:17), obteniendo como resultado de tu fe, la salvación de tu alma (1 P 1:9).

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