Soñar no Cuesta Mucho… es Gratis

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El Comité Estratégico Visceral (C.E.V.) espera la llegada del Gran Jefe quien, al decir de muchos, se ha ido craqueando rápidamente de un modo infinito y más peligroso que el hoyo negro.  Como este tipo es por naturaleza vengativo y sangrigordo, sus especialistas en estrategias globales con dudosas consecuencias morales (ganancias personales, estafas, bancarrotas o meramente la exposición desmesurada de su pelo amarillento y los dientes blanqueados en televisión), le tienen miedo mucho demasiado. 

Ese día de otoño en Washington D.C. cargado de contaminación artificial, deberán escucharlo y responderle de una manera suave para así, el animal no se encabrite, comience a corcovear y se agite usando y abusando del sistema tweeter con el cual se acuesta y levanta sin Melania, ex Miss Eslovenia y ex Miss Transilvania. 

Con esto del espeso y escandaloso tema ucraniano, su ya lisiado temperamento está tan agitado como canario en una convención de gatos.

  A Bruno Rodríguez Escante conocido como el Agente TumyOne-X0001, se le ve melancólico y tembloroso.  El Jefe Alto, pero no “grande” les ha citado a las cinco de la mañana a una repentina reunión de emergencia para compartir sus ideas acerca de temas internacionales y nacionales, incluida la aniquilación de la población Kurda y su campaña para la reelección 2020, tildada por los demócratas como “el purgante number two.”

El tipo parece un clone del Boris Johnson, primer ministro de Inglaterra a quienes hasta los lores le conocen como uno de los Tres Chiflados. El líder local por su parte traerá a la mesa nuevas, fantásticas, extraordinarias, magnificas, inverosímiles y estrambóticas ocurrencias provocando en sus asesores dar diente con diente. Debido a la ansiedad ambiental, van constantemente a los servicios higiénicos.

  Por su parte Rodríguez Escante tiene una misión suicida designada al azar a través del viejo sistema del Head or Tails.  Deberá (¡Oh, Dios!) insinuar con sumo cuidado y prudencia algunas críticas amojonadas a ciertas medidas, iniciativas y pólizas viscerales y pancreáticas del presidente.

  En ese preciso instante y precedido por su hija Ivanka (o Ivana, Vánova, Evenkikova), ingresa el energúmeno, y el comité CEV le nota una babita deslizándose por la comisura de los labios mientras sus ojos de alimaña/reptil envían destellos demoniacos como los observados en las conferencias de prensa acompañado de diplomáticos extranjeros y presidentes.

  “Quien ha llamado a esta reunión?” pregunta Donald con el pecho agitado como de cuadrúpedo acosado en agosto por la humedad de Miami. 

  “Usted mismo su excelencia.  Esta mañana nos convocó a las dos de la mañana, hora del Este, a una reunión de emergencia Alfa3,” dice Rodríguez sin pestañear.

  Un silencio sepulcral invade la sala y los veintitrés pares de ojos se enfocan en Rodríguez que alguna vez en la universidad pensó dedicarse a la diplomacia, cuando ella y la ética existían, pero ahora reemplazadas por guerras, amenazas y mentiras a doquier.

 “Oh si! Estoy probando sus reflejos y lealtad. El trabajo de ustedes como asesores es deficiente y atrae sospechas de Giuliani y Pompedo,” dice el colérico maligno, respirando tan agitado como si fuese la víctima de exorcismo para tipos de la Tercera edad.

  ¿Qué sucede con mi brillante y extraordinaria idea de pedirle a ese presidentito Zelenskye nos ayude a sacarle los trapos sucios a cara de palo Biden y su familia?  ¿Quién está investigando a la abuela?” pregunta el enfurecido presidente.

  “Yo su excelencia,” replica con una vocecita de rata uno de los asesores cara pálida a quienes los dientes le castañetean.

 “La abuela de Biden, ¿era una drogadicta, lesbiana, ladrona, parejera o prostituta? Pregunta el nocivo sujeto mirando con odio un retrato de Pelosi que utiliza como blanco para un juego de dardos.

  “Nada de eso su altísima e incorrupta combinación de virtudes. Esta familia es religiosa y la mencionada abuelita era una de las dirigentes del Movimiento Cristo Rey, había viajado cinco veces a Roma invitada por tres Papas y se le propone como Santa Claire Biden.

  “¡Yo soy el único Rey!” grita el desaforado autócrata y sátrapa quizás frustrado por la respuesta negativa del aterrorizado sopla potes cuyo pulso ha alcanzado el peligroso ritmo de 160 por minuto.

  En ese instante definitivo y escoltado por guardaespaldas, ha ingresado al salón Karl Kantuch von Krujen a quien un funcionario presenta como escultor, filósofo y astrónomo.

  “Karl, explícale al comité la idea en la que estamos trabajando de un modo arduo,” dice Donald con la sonrisa de idiota característica en sus campañas para la reelección. 

  “Bien, con su excelencia hemos estado desde hace semanas forjando una iniciativa única, original, tremenda e inigualable del Comité Nacional para su Reelección en el 2020.  Esto ha sido como una brisa otoñal…”

  “Ya, ya, ya, para la poesía Rubén que me confundes más que a un juey bizco, ¡vamos al hecho!” interrumpe el ogro saboreando una hamburguesa con carne de búfalo con pique marca Satán sacrificado por sus hijos Eric y Donald en sus cacerías armados de rifles con mira telescópica por las praderas de la impudicia.

  Sin inmutarse, el escultor ha proyectado en un super plasma de tres dimensiones una foto del Monumento Nacional localizado en el Monte Rushmore National Memorial donde el escultor Gutzon Borglum esculpió las imágenes de los presidentes Washington, Jefferson, Lincoln y Theodore Roosevelt, pero ¡Oh sorpresa! En el centro de la obra de arte, está ahora la escultura de DONALD TRUMP quien, como un nene, aplaude y da brinquitos por la sala.

  Los integrantes del Comité Estratégico Visceral lo observan con la boca tan abierta como tarascas de ranas, y a un aplauso inicial tímido y retraído, se agregan los vivas y bravos de los lame ojos y carga bates.  Donald se ve feliz, hasta que una vocecita tímida y medrosa casi susurrante expresa como un murmullo de grillos invernales.

  “Su excelencia, y con su honorable permiso. El escultor Borglum dijo en una conferencia que no se podría agregar otra imagen egregia de otro presidente porque no hay suficiente roca donde se pueda esculpir,” dijo el amojonado asesor agregando a renglón seguido, “seria como montar un implante de incisivo en una mandíbula sin hueso.”

  “¡Calla demócrata socialista infiltrado del CNN! ¡No te atrevas a amenazar este formidable proyecto con tus changuerías porque te acuso de traidor o espía y algo te puede pesar!” grita el endemoniado acercándose peligrosamente al pobre infeliz. “Construiremos otro monte anexo con dinero del Pentágono!” dice el lunático.

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