Soñar no Cuesta Mucho…es Gratis

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Es la ciudad Nueva York, precisamente en el centro de Manhattan, en el trigésimo cuarto piso de un edificio con hermosas vistas del caudaloso pero contaminado rio Hudson. Es una mañana soleada y nítida de otoño exactamente el 8 de octubre del 2020. El paisaje iba adquiriendo el tono marrón y amarillento de la estación creando un ambiente mas acogedor que el del húmedo verano.

En la ostentosa sala de recepción de la compañía TeXnoUp; esperan silenciosos tres hombres con la cabeza rapada y envueltos en túnicas rojizas. Se ven tan inmóviles como una foto tridimensional, proyectada sobre el fastuoso muro de mármol de las enormes oficinas.

El único movimiento detectable en los exóticos personajes es el movimiento de los labios de los lamas quizás recitando exotéricas oraciones.

Ronald “Rock” Sambolini, CEO de la empresa, lee nuevamente el memorándum que vía texto le ha enviado el agente de negocios en la región de Nepal donde le informa de un posible contrato de siete billones de dólares pagaderos al contado por parte de una orden de monjes que trabajan desde siglos para encontrar en todas las lenguas y dialectos del mundo los nombres de Dios.

“Estos locos cuentan con una fortuna de acuerdo a informes fidedignos bancarios y lo que desean es adquirir nuestro computador Géminis Beta con capacidad para proveer el vocabulario de 3,700 lenguas conocidas, dialectos y de otras formas habladas de comunicación que no conocemos provenientes a través de signos de radio desde otras galaxias,” texteaba Claude añadiendo que ya les había anticipado el valor de la computadora, el costo de un super telescopio, y de un sistema de radio recepción atómico capaz de recibir y traducir signos desde otras galaxias.

Con más curiosidad que interés financiero, Santorini le pidió a su secretaria que hiciera ingresar a los tres lamas calzados con primitivas sandalias y caminaban al mismo ritmo y la cabeza inclinada ligeramente hacia adelante.

El CEO les recibió con cortesía y una venia que le había recomendado su asesor protocolar en costumbres asiáticas. Después de intercambiar los acostumbrados saludos y entrando en materia, Sambolinia les va informando que su empresa estaría muy satisfecha en transportar los equipos, especialmente el telescopio RT y el único receptor VQ capaz de recoger signos provenientes de las profundidades del cosmos transformándolo en lenguaje entendible para los humanos.

“Ya sabemos los costos y entendemos que su empresa estará enviando a tres expertos y el grupo de trabajo necesario para transportar e instalar este equipo hasta nuestro templo de Meghalaya,” dijo el superior de los tres lamas.

“Entiendo que desean que todo este dispositivo funcione para el día 3 de enero y que en el costo se incluyan los elevados gastos del traslado terrestre utilizando a 97 sherpas que asesorarían a nuestros técnicos,” dijo Santorini.

“Todo es así,” replica el lama.

“¿Con todo respeto, me podría repetir cual es la idea de adquirir estos equipos?

“Desde hace veinticuatro siglos estamos estudiando y recopilando todos los nombres conocidos de Dios en distintos idiomas y culturas.Una vez que les descubrimos y por dar un ejemplo, Jehová, entre miríadas de otros; los escribimos en caracteres sagrados en banderines de seda Rhanai.Lamentablemente, cada vez somos menos en nuestra congregación y temiendo una invasión china, tenemos la obligación de apresurar nuestra búsqueda,” respondió el superior.

“Con todo respeto. Y cuando descubran el ultimo nombre sea de lenguas conocidas como de otras transmitidas por signos desde el espacio, ¿terminaría este laborioso y admirable trabajo?” pregunta el CEO.

“Si, y ese será el fin de todo lo existente,” replica con naturalidad el venerable Lama Shan Then.

Santorini, fogueado en las distintas utilizaciones de sus computadores, sintió un ligero escalofrío y pensó que hablaba con una delegación de locos con dinero, solicitando un servicio estrambótico, insólito y chocante.

Una vez que se formalizó el proyecto y los lamas pagaron el precio acordado a través del sistema virtual internacional abandonando la oficina, el CEO se sentó en su cómodo sillón detrás de un escritorio de caoba y llama al Ingeniero Ralph Beltrán para una reunión urgente esa misma noche en Boston. También pidió a su secretaria que le sirviera un whiskey escoces seco.

“Seco a las diez de la mañana?,” le pregunto la funcionaria.

“Si, seco.”

Después de un esforzado viaje por sendas casi invisibles a través de montañas, transportando los equipos necesarios, especialmente el computador que los lamas requerían para su absurda y desatinada empresa; los ingenieros con ayuda de intérpretes adiestraron a dos de ellos en el uso de los complejos equipos. Tuvieron también la oportunidad el observar lo que hacían los monjes con el radio receptor atómico captando sonidos llegados desde las profundidades del cosmos, transformándolos en signos sonidos ininteligibles y pavorosos que, de acuerdo con los monjes, eran otros nombres de Dios hasta ahora desconocidos.

“Cuanto tiempo les va a tomar encontrar todos los nombres de Dios?, preguntó Beltrán al Superior de los Lamas.

“Oh! Con la ayuda de la computadora un trabajo que fácilmente nos tomaría setecientos años, podría finalizar en algunos días más,” respondió sonriendo el superior.

La respuesta de Beltrán fue un lacónico, “hummmmm,” lamentando que los lamas le rogaran que nos les fotografiaran para el portal virtual de la compañía.

Finalmente, y cumplida las tareas finales de adiestramiento y coordinación satelital de los equipos, los ingenieros decidieron partir después de tres días de finalizados sus trabajos y seguros de la operación de los super equipos.

“Tengo la necesidad de caminar y respirar este aire puro de esta región montañosa,” dijo Ralph Beltrán, el jefe del proyecto agregando que después y ya en la ciudad de Mysore, les invitaba a un trago que todos necesitaban para celebrar la salida de ese manicomio edificado en la ruta hacia el monte Everett.

Pidiendo a los conductores que se adelantaran con las poderosas limusinas de la compañía, los ingenieros caminaron con alivio por la áspera ruta de un área más plana desde donde se divisaba el comienzo de un bello crepúsculo. Iba admirando el claro perfil de la luna creciente y las luminosas luces del firmamento cuando repentinamente a todos sorprendió la desaparición del satélite lunar y notaron con estupor como las luces de otros soles, estrellas y galaxias en el cielo se iban desvaneciendo y desaparecían.

Los lamas habían finalizado su trabajo.

Esteban Ramírez puso en su mesa de noche el libro de ciencia ficción publicado en 1961, pensando que ahora, en el año 2020 todo podría ser una terrible realidad.

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