NORWALK. Galo Salinas (izq), oriundo de Morona Santiago-Ecuador, hoy de 20 años de edad, se perdió en Texas hace 3 años ocho meses, intentando cruzar la frontera para encontrarse con su hermano Ramiro, quien pagó a los “coyotes” (contrabandistas humanos), 16 mil dólares para que él y otro de sus hermanos mayores lleguen a Estados Unidos.
Los 3 años 8 meses que duró el calvario de la familia Salinas quedó atrás, cuando en noviembre del 2011, días antes de la celebración del Día de Acción de Gracias, Galo Salinas, quien al momento de perderse en la frontera tenía 17 años de edad, hizo una llamada telefónica a Gualaceo-Ecuador, pueblo en donde radica su madre y sus cuatro hermanos menores.
Llamada telefónica que logró realizar tras recobrar la memoria que perdió en su intento por escaparse de los oficiales de Inmigración en Texas, al golpearse contra un muro y caer inconsciente. Memorias que corroboró su compañera de viaje, una joven hondureña que cayó presa en manos de la policía de Inmigración del Estado y atestiguó a la familia de Salinas lo sucedido en la segunda semana de febrero del 2008, fecha en que Galo Salinas salió de su país natal -Ecuador, junto a 12 personas más.
“Recuerdo que caminamos cuatro días en el monte sin agua y sin comida y eso es todo”, relató aun tímido pero tranquilo, intentando recapitular lo que fue más de tres años y medio en que sus familiares lo dieron por desaparecido, aunque según Ramiro, su hermano mayor, él ni su madre ni sus hermanos aceptaron la idea de que murió en la frontera.
“La policía de Texas dijo que para poder buscar a mi hermano, mis padres debían enviar una muestra genética de ADN, prueba que mi madre se opuso rotundamente porque para ella él estaba vivo y solamente andaba perdido”, dijo Ramiro, razón por la que el Departamento de Policía no tuvo la forma de iniciar una investigación oficial y simplemente dio pistas y posibilidades para que la familia inicie por si sola la tarea de encontrarlo.
Mientras Galo estuvo perdido, refugiado en la hacienda Santa María Bull Ring, en la Gloria-Texas, de propiedad del español Fred Renk, Ramiro lo buscaba diariamente a través de anuncios en los programas radiales de estaciones locales y nacional, como el Show del Piolín por la Mañana, el show del Pistolero, las redes sociales, las organizaciones comunitarias y el Consulado del Ecuador en Texas, institución que respondió que no podían ayudar en la búsqueda porque solamente daban trámite a casos de connacionales presos o en la morgue.
En el transcurso de los años de búsqueda, Ramiro estuvo apoyado por un par de sus primos Juan y Franklin Salinas, quienes llamaban continuamente a Texas a las dependencias policiales, comunitarias y a los medios de comunicación; con la esperanza de tener noticias del joven desaparecido. Pero a los dos años de la búsqueda murió súbitamente Juan y el calvario por encontrar a Galo, se tornó en un camino de desesperación y aflicción.
“A raíz de la muerte de mi primo, mi vida se tornó sin esperanza, no podía dormir, no encontraba paz. Lo único que me reconfortaba eran mis sueños en donde mi hermano se presentaba y me decía: “Estoy aquí en Gualaceo (poblado del Ecuador). Ven por mí”, contó Ramiro.
SUEÑOS Y RECOBRO DE LA MEMORIA
Después de los cuatro días que Galo y su compañera de viaje se perdieron (febrero del 2008), abrió los ojos y se dio cuenta que estaba bajo el cuidado del médico de la hacienda Santa María Bull Ring. Según el galeno el joven ecuatoriano llegó en estado de deshidratación e hipotermia y debió guardar cama por tres días consecutivos.
Tras recuperar la salud, pero perder absolutamente la memoria, Galo fue adoptado –literalmente- por los dueños de la hacienda, quienes le dieron a cargo el cuidado del ganado y posteriormente ascendió a capataz.
“Poco a poco me fui ganando la confianza de mis patrones y empecé a jugar en la computadora. Pero siempre buscaba dentro de mí la forma de recordar mi pasado a través de los sueños. Un día le soñé a mi mamá que me decía: ¡Hijo: Ven acá te estoy esperando!”, contó emocionado Galo. Y desde ese momento buscó en su interior quién era a través de sus sueños. Quimeras que compartió de manera telepática con su progenitora y su hermano Ramiro.
Un día sentado frente al computador ingresó a las páginas del Ecuador y de manera automática recordó el nombre del aserradero en el que trabajó antes de viajar a Estados Unidos. A través de las páginas amarrillas del Internet logró comunicarse con su ex jefe y posteriormente éste se dio a la tarea de buscar a su madre durante un mes.
“Con el número de teléfono de mi madre en mi mano, inmediatamente llamé a mi casa. Escuché la voz de mi mamá y de mis hermanos muy emocionados. Y enseguida le llamé a mi hermano a Norwalk”, replicó. Seguidamente, Ramiro Salinas, se dio a la tarea de hablar con los patrones de su hermano, a quienes les pidió que enviaran a su hermano lo más pronto posible a Connecticut. “Al inicio pensé que se trataba de alguien que quería extorsionarme, pero cuando empecé a preguntarle por los detalles de la familia, me di cuenta que era Galo”, dijo emocionado Ramiro.
“Entre mi primo y yo, analizamos las horas en que pasa la patrulla fronteriza en los retenes de Farfulla, Ruta 16 y 1047; los dueños de la hacienda tenían miedo de enviarlo a Connecticut por miedo a que arresten a mi hermano en el camino. Pero yo dije: Si no le envían conmigo, prefiero que regrese a Ecuador para que esté en casa con mi mamá”, relató Ramiro.
Tras una corrida de toros celebrada antes del día de Acción de Gracias, fecha en que los hacendados le ofrecieron la faena en su honor, la familia de Galo hizo los preparativos necesarios para traerlo a Norwalk. Y tras pagar a los “coyotes” (traficantes humanos) una considerable suma de dinero, para moverlo desde Texas hasta New York. Finalmente, Galo y Ramiro se reunieron después de varios años en el puente de Brooklyn, en New York.










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