Superávit primario del 1 por ciento en el primer presupuesto de AMLO

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Por: Luis Manuel DE LA TEJA

El enfoque del Paquete (que no es piñata, como alertó Porfirio Muñoz Ledo) está volcado a cumplir las promesas de campaña: más inversión para Pemex y CFE, mayor gasto social con un tinte redistributivo de justicia social, con participación de empresas para generar desarrollo productivo en el programa: “Jóvenes Construyendo el Futuro “y mayor activismo estatal en proyectos cuyos méritos económicos son generar fuentes de empleo locales (Tren Maya, Santa Lucía, nueva refinería).

El nuevo gobierno cumple su palabra de cuadrar un presupuesto con superávit primario, sin comprometer en el gasto recursos que no tiene. Sus prioridades están claras: bienestar social (becas y subsidios), seguridad (Ejército), energía (Pemex).

Cuando se desmenuzan los recortes en casi todas las secretarías, en los tres poderes y en la mayoría de los órganos autónomos del Estado, cultura, universidades, ciencia, tecnología, inglés, internet. El 56% del presupuesto total de la federación irá a Secretarías o programas vinculados con el bienestar social. Lo que puede verse en el horizonte es un gobierno federal cuya tarea central es redistribuir bajo el criterio de justicia social lo que hay.

Cien mil millones habrá para pensiones de adultos mayores, 44 mil 300 para jóvenes ninis, 17 mil 300 para becas a jóvenes que estudian, 16 mil millones para colonias marginadas y reconstrucción de daños por sismos, 23 mil millones para diversos subsidios y créditos al campo, a la producción y a pequeñas y medianas empresas. El aumento presupuestal en materia de seguridad es solo para el Ejército, y el de energía va en su mayor parte para Pemex, cuya recuperación como fuente extractiva equivaldrá, dice el Presidente, a un nuevo rescate de la industria petrolera (como la de 1938).

Llama la atención: “Cual austeridad fiscal en una economía que crece a 2 por ciento, un gasto 6.1 por ciento mayor”, que a decir de Manuel Molano, director general adjunto del Imco. “Esto implica que la huella del sector público está creciendo a costa del crecimiento del sector privado. Desde la administración de Felipe Calderón fue así, pero hay que revertirlo. Significa un país con más Estado y menos ciudadanía participando en las decisiones económicas”.

Un rasgo que deberá cuidar la actual administración respecto a que más gasto público no siempre se refleja en una mejora en el desarrollo del país. Hace un año, la Auditoría Superior de la Federación publicó el Informe de Contribución del gasto público a la actividad productiva y el empleo.

El trabajo, con datos del Inegi, analiza el aumento consistente del gasto estatal al doble del crecimiento del PIB desde el año 2000 y hasta 2016, donde alcanzaba su análisis. En ese lapso, el gasto neto total creció a una tasa media de 4.4 por ciento, mientras el PIB lo hizo a 2.2. En esos 16 años, el aumento del gasto no ayudó a mejorar ninguno de los indicadores sociales: no disminuyó ni la pobreza ni la desigualdad social (medida por el Índice de Gini).

Es una buena noticia que este primer presupuesto de la era López Obrador plantee un superávit primario de 1 por ciento. Sin duda es una señal de disciplina fiscal que ayudará —esperemos— a mejorar la trayectoria de las finanzas públicas.

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