Aguas amargas, por Liliana D. González

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¿Andas con el ceño fruncido? ¿Reaccionas con hostilidad? ¿Guardas resentimiento a causa de un mal recibido? ¿Vives con una profunda tristeza en el alma? ¿Sientes envidia al ver a otros lograr las metas que tú no has conseguido? Estas son algunas señales de una persona amargada.

Si bien, tenemos la costumbre de tildar a los demás de amargados, no reconocemos con la misma facilidad ese destructivo sentimiento en nuestro interior. Precisamente, el no reconocerlo nos mantiene en esa condición.

Cuando el pueblo de Israel llevaba varios días deambulando por el desierto sin hallar agua, se topó con una fuente, la alegría de haber encontrado el vital líquido se convirtió en lamento después de que la muchedumbre probó de las aguas y las encontró amargas como la hiel. Me atrevo a afirmar que todos, alguna vez, hemos bebido de las aguas de “Mara”.

La Biblia describe la amargura como una raíz que crece en el corazón del ser humano sin que este se percate y con el correr del tiempo se convierte en un tallo que produce frutos malos: odio, ira, envidia, celos… Razón por la cual el autor de hebreos exhorta a los cristianos diciendo: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (Hebreos 12:15). “Mirad bien”, quiere decir, vigilen sus pensamientos, porque se transforman en sus acciones. Estén atentos a sus palabras, porque ellas revelan lo que hay en el corazón. Con frecuencia, en las situaciones donde hemos recibido un trato injusto la boca se llena de maldición y amargura (Romanos 3:14). En consecuencia, nos privamos de la paz y el gozo que solo Dios nos puede dar.

La depresión conduce a la amargura. Hay quienes adoptan una actitud pesimista ante su entorno y el futuro. Consideran que sus males son un castigo divino y se sienten víctima de un mundo injusto y cruel. Cuando Noemí regresó a Belén después de perder a su esposo e hijos, les pidió a sus  amigos que la llamaran “Mara”, que significa amarga.

Cualquier persona que se deje dirigir por sus emociones negativas puede envenenarse con las aguas de “Mara”. Si reconoces que la amargura se ha apoderado de tu corazón, confiesa ante Dios ese pecado y arrepiéntete. Solo el Señor transforma las aguas amargas en dulces y devuelve la alegría a quien cree haberlo perdido todo.

A partir de hoy, abandona toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia (Efesios 4:3), busca la paz con todos y síguela.

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