Aprendamos a ser honestos, por Waldemar Gracia

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Vivimos en tiempos en que los valores y principios cristianos van desapareciendo poco a poco. Hoy día solo se escucha de corrupción, de falta de honestidad y poca seriedad en los líderes que están supuestos a darnos buen ejemplo. Si miramos a nuestro alrededor de seguro te habrás enterado de algo o de alguien por su falta de honestidad ha caído en desgracia. En esta época de Navidad, debemos reflexionar acerca de la necesidad de retomar las Viejas y sanas tradiciones que sentaron las bases para la vida en armonía.

Nunca faltará alguien que me dirá: ¿Y de que vale ser honesto o honesta? Los valores y principios no se hacen o se practican por alguna ganancia o conveniencia. Sino por que producen paz interior y nos permiten vivir con la frente en alto. No hay mayor satisfacción que saber que hemos hecho el bien. Esa es nuestra mayor recompensa. Estoy seguro que un día Dios también premiará ese esfuerzo. El que practica la honestidad nunca será avergonzado. Pero aquellos que tratan de pasarse de listos, tal vez podrán engañarnos por un poco de tiempo, pero al final sufrirán una terrible humillación.

En fin; el vocablo Honestidad proviene del latín honestitas (honor, dignidad, consideración de que uno goza); es la virtud que caracteriza a las personas por el respeto a las buenas costumbres, a los principios morales y a los bienes ajenos. Es la acción constante de evitar apropiarse de lo que nos pertenece.

De igual manera la honestidad es armonizar las palabras con los hechos, es tener identidad y coherencia para estar orgulloso de sí mismo. La honestidad es una forma de vivir congruente entre lo que se piensa y lo que se hace, conducta que se observa hacia los demás y se exige a cada quien lo que es debido.

La honestidad es un valor moral positivo vinculado a la verdad y a la transparencia, y es lo contrario a la mentira, la falsedad y la corrupción. Ser honesto es tener una actitud acorde con la verdad en nuestras relaciones con los demás, incluyendo nuestra familia, amigos, compañeros de estudio o de trabajo, vecinos, y todas las personas con las cuales nos relacionamos de una u otra forma. No solo es un valor que debemos ejercer sino también es un valor que debemos exigir de los demás.

La honestidad es un valor, vital y medular para poder convivir en sociedad, orienta todas las acciones y estrategias de nuestra actividad, se trata de ser honrado en las palabras, en la intención y en los actos. Ser honestos nos convierte en seres de honor; aspirar a la honestidad es buscar la grandeza.

Cuando alguien miente o engaña, su espíritu entra en conflicto, la paz interior desaparece y esto es algo que los demás perciben porque es difícil de ocultar. Las personas deshonestas se pueden reconocer fácilmente porque engañan a los otros para conseguir de manera abusiva un beneficio. Es muy probable que alguien logre engañar las primeras veces, pero al ser descubierto será evitado por los demás o tratado con precaución y desconfianza.

Para ser Honesto hace falta ser sinceros en todo lo que decimos; fieles a las promesas hechas en el matrimonio, en la empresa o negocio en el que trabajamos y con las personas que participan de la misma labor; actuando justamente en el comercio y en las opiniones que damos respecto a los demás. Todos esperan de nosotros un comportamiento serio, correcto, justo, desinteresado, con espíritu de servicio, pues saben que siempre damos un poco más de lo esperado.

Si queremos ser Honestos, debemos empezar por enfrentar con valor nuestros defectos y buscando la manera más eficaz de superarlos, con acciones que nos lleven a mejorar todo aquello que afecta a nuestra persona y como consecuencia a nuestros semejantes, rectificando cada vez que nos equivocamos y cumpliendo con nuestro deber en las labores grandes y pequeñas sin hacer distinción.

No debemos olvidar que los valores deben primero vivirse personalmente, antes de exigir que los demás cumplan con nuestras expectativas. La persona que es honesta puede reconocerse, entre otras cosas por: 1) Ser siempre sincero en su comportamiento, palabras y afectos. 2) Cumplir con sus compromisos y obligaciones. 3) Reconocer sus limitaciones o imposibilidad de hacer o cumplir con algo cuando en realidad así sea. 4) Aceptar sus defectos y errores, y esforzarse por superarlos. 5) Evitar la murmuración y la crítica destructiva que afectan negativamente a los demás. 6) Guardar discreción y seriedad ante las confidencias personales y secretos profesionales.

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