Cobertura Especial desde el Ecuador: La crisis migratoria de los Venezolanos en Sur America

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¿Por qué los venezolanos no pueden inmigrar a los Estados Unidos y se van a Ecuador o Perú?


QUITO, ECUADOR. María Ascaño, es una de las 80.000 venezolanos que ingresaron al Ecuador solamente con su cédula de identidad sin pasaporte. Ella, admite que no pudo pedir una Visa a los Estados Unidos porque en su país la demora para tramitar la partida de nacimiento es de un año y después otro tiempo más para sacar el pasaporte; razón suficiente para entender por qué los venezolanos salieron de su país y se fueron a Ecuador y Perú, lugares en donde pueden transitar libremente.

Los buses, las calles, los parques, los albergues, almacenes, panaderías y pequeños kioscos de frutas, verduras, periódicos y caramelos; están llenos de venezolanos que buscan encontrar un lugar para trabajar y sobrevivir en la crisis humanitaria a la que se han visto forzados ante la dictadura venezolana que hoy por hoy ha dañado el tejido social y ha obligado a miles de sus ciudadanos salir de su país para poder vivir libremente y enviar una mínima cantidad de dinero a los familiares que se quedaron ahí.

María Ascaño, es de Villa de Puro un poblado que está a dos horas de Caracas, la capital del país, es una joven maestra universitaria de Contabilidad, asesora de proyectos de investigación universitaria con un doctorado en Educación, que por recibir un salario de 25 dólares mensuales, dinero que no le alcanzaba ni para comer, decidió mudarse al Ecuador en donde le esperaba una prima que vino unos meses antes.

Le tomó casi cuatro días llegar al Ecuador y desde esa fecha está cantando en los buses y recibiendo propinas para subsistir. Paga 50 dólares al mes la renta de un cuarto y envía casi cien dólares mensuales para que su madre y sus dos hermanos puedan comer en su país.

Como se siente recién llegada aún no ha podido activar políticamente para que haya una Reforma Migratoria de los venezolanos en el Ecuador pero sabe que hay más de 80 mil de sus compatriotas luchando como ella.

Va todos los domingos al parque de La Carolina, el pulmón verde de la ciudad, ubicado al norte de Quito, en donde se reúnen semanalmente sus compatriotas a jugar dominó, bolas criollas, béisbol, vender artesanías en forma ambulante y disipar en forma colectiva sus penas.

“Ecuador es un país bonito y muy cálido pero desafortunadamente no hay trabajo”, dice María, quien NO se mudó a los Estados Unidos porque en Venezuela ni siquiera pudo obtener del Registro Civil su partida de nacimiento menos aun su pasaporte.

“No se trata de que los Estados Unidos nos han negado la Visa Americana, se trata de que en Venezuela no podemos sacar ni la partida mucho menos el pasaporte para poder presentarnos ante la Embajada Americana. A mí me dieron cita para tramitar mi partida de nacimiento para el 3 de marzo del 2019 y a lo mejor para esa fecha no hay papel o quizás no hay sistema o no hay luz y ni siquiera me atienden”, dijo María, razón suficiente para entender por qué los venezolanos no pueden acudir a la Embajada de los EEUU y lograr una visa para viajar.

EL RACISMO, LA IGNORANCIA Y EL BULLYING ESCOLAR

De la mayor parte de venezolanos entrevistados por La Voz Hispana de Connecticut, tanto en las plazas, parques, buses y albergues, la mayoría tienen educación universitaria o un oficio. Tratan muy bien a sus posibles clientes  y son agradecidos con las propinas o con la forma de pago por los objetos que venden. Es notoria su preparación académica pero también su miedo a ser tildados de “venezolanos ladrones del trabajo de los ecuatorianos”, “rompe mercados” o “simplemente eres un venezolano”.

Ese fue el caso de Julián, un niño de ocho años de edad, que vino con sus padres a igual que todos sus compatriotas: Buscando sobrevivir y huyendo de la miseria y dictadura venezolana.

A Julián un niño le sacó de la cancha deportiva de fútbol diciéndole: “Tú no puedes jugar aquí porque eres de Venezuela, esto es solo para ecuatorianos”. Aun cuando la madre del menor que agravió a Julián le metió una zurra delante de sus compañeros por semejante ofensa, la familia venezolana no deja de sentirse inquieta por el racismo que hay dentro de la comunidad educativa. Sin embargo, reconoce que la Liga de Fútbol Ecuatoriana le llamó para que Julián juegue dentro de las ligas menores sin pagar un solo centavo.

LA FUNDACION VENEZOLANOS EN EL EXTERIOR, UNA ESPERANZA DE VIDA

Eduardo Febres Cordero, fue cónsul agregado de la Embajada de Venezuela en Ecuador, pero retrocedió un paso cuando se dio cuenta que el Chavismo estaba dañando a su país y la corrupción estaba convirtiéndolo en tierra de nadie. Con su renuncia se convirtió en disidente de la Revolución y ahora es un perseguido de la justicia con el cargo de “traición a la Patria”.

El, junto a otros de sus compatriotas creó la Fundación de Venezolanos en el Ecuador y desde ese espacio han podido lograr el apoyo de la empresa privada que les ha proporcionado casas que han convertido en albergues y también están activando políticamente para lograr que haya una Reforma Migratoria y todos los venezolanos puedan ser documentados legales dentro del Ecuador.

Al momento de esta entrevista Eduardo junto a otros de sus compañeros cargaban medicinas donadas por algunas farmacias locales y también organizaban unas estanterías de comida dentro del Albergue de Carcelén, un barrio del norte de Quito, propiedad de la casa comercial Pintulac.

En eso llegó una pareja con un niño de tres años que le pidieron dinero para poder comprar un tiquete de bus inter-provincial para poder llegar a Esmeraldas, un poblado costeño fronterizo con Colombia, lugar que la pareja tenía unos parientes que le habían logrado encontrar un trabajo en un cafetal.

Dentro de la casa de Carcelén hay tres habitaciones distribuidas en: Una para mujeres, otra para hombres y otra para familias con niños pequeños. Una pequeña dispensa, una cocina, oficina, una sala de recepción (lobby) y un patio grande. Según las reglas, solamente se pueden quedar una semana porque así ayudan a que otros venezolanos ocupen ese espacio, pero, muchas mujeres aun estás dos semanas por la falta de trabajo.

Las hermanas Mendoza, por ejemplo, tienen dos semanas de seguir en el albergue. Una de ellas se empleó en un restaurante pero solo los domingos, en cambio, la otra, salió a vender naranjas y manzanas en la calle. Están ahorrando para poder mudarse lo más pronto posible.

NOTA DE LA EDITORA

Es la primera vez que regreso a mi país, el Ecuador, y veo con preocupación la forma en cómo muchos de mis compatriotas maltratan a los venezolanos. Ellos, en su momento, en la década del boom petrolero, albergaron a m iles de ecuatorianos.

Son gente positiva, educada y hasta me atrevo a decir mucho más cálida y compasiva que una gran parte de mis connacionales. Por una semana consecutiva me subí a los buses, caminé en las plazas y parques y fui a los albergues de Quito, Guaranda y Riobamba y lo único que vi fue “gente linda buscando un lugar de libertad y un espacio ínfimo para trabajar.

No es verdad que los venezolanos nos quitan los trabajos. ¡Esa es la gran mentira salida de la ignorancia! ¿Nunca he visto una mujer ecuatoriana, guapa, llena de vida con tacones subirse al vuelo cantando una canción para recibir una limosna, tal como lo hacen las agraciadas y profesionales muchachas venezolanas?, ¿nunca he visto a jóvenes apuestos vender naranjas ni manzanas ni hacer malabares en las esquinas, tal como lo hacen los “chamos”? Ni mucho menos a señoras de nariz respingada vendiendo “caraotas” (frijoles negros) en las calles de La Marín en Quito. ¡Jamás!.

Lo que debemos seguir haciendo es compartiendo nuestro pan, a seguir siendo solidarios y a educarnos mejor para competir profesionalmente con la fuerza laboral y profesional que viene de lejos.

Acusamos al Presidente Trump de racista, de intolerante y cuando se trata de nuestros semejantes en nuestro territorio, nos comportamos igual o peor que él.

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