De gatilleros y miserables, por Jorge L. Limeres Gregory

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En Puerto Rico el uso de la palabra gatillero se ha convertido en un vocablo de uso corriente, quizás por ese siniestro personaje de programas televisivos estadounidenses o por la alta tasa de criminalidad en la Isla que nos ha expuesto a un vocabulario más extenso que explica nuestras realidades. El termino gatillero describe a un individuo que ejecuta una acción en contra de una o más personas. Corrientemente es un miembro de una ganga que se “especializa” en “tumbar” a alguien que estorbe al líder del grupo que pertenece. Esta persona generalmente ocupa una posición de privilegio y confianza dentro de su organización. Hoy existen “gatiller@s” dentro de  billonarias corporaciones, en gobiernos “democráticos” y hasta en diminutos grupos criminales. Estos “especialistas” tienen claro que su única misión es ejecutar las ordenes por los que reciben buenas remuneraciones.

Existe la tendencia de confundir y señalar a muchos con el termino miserables.  En mi diccionario los que actúan fuera de las normas impuestas por sociedades olvidadizas de su propia historia y donde prevalece la injusticia y la desigualdad social, existen sectores que tienen que defender como puedan su propia existencia. No hay manera que se puedan condenar sus “crímenes”. Los comprendo y defiendo el derecho que todo ser humano tiene a una vida digna y justa.

Entonces está el otro, el miserable que tiene todo en la vida y sus actuaciones son motivadas por su prepotencia. Ese es el canalla con un apetito voraz por el poder, dispuesto sin pudor y conciencia a vender su alma al mismo diablo. Ese es el cobarde que no titubea en mentir, el que manipula desde cuartos obscuros para alcanzar sus objetivos. Es el camaleón político, el notorio muñeco de trapo con los siete traseros, el que luce una sonrisa a flor de labio pero que delega en un siniestro gatillero para que le haga el trabajo sucio.

En Puerto Rico estos personajes siempre han existido. Hoy se vive una crisis económica monumental, creada por pasados gobiernos coloniales que han acumulado una deuda de billones de dólares. Esos miserables, responsables de esta debacle que han compartido el lucro de sus acciones en incestuosa relación con las élites corporativas (extranjeras y locales) devastando al país, dejando al pueblo con una deuda ilegal e impagable. El gobierno estadounidense ante el cuadro económico que Puerto Rico presenta y el cual ellos tuvieron en sus manos impedir, pero no lo hicieron, haciéndose de la vista larga, optaron por desenmascarar en forma oficial la farsa montada en el 1952 donde encubrieron el monumental engaño de lo que una vez fue el Estado Libre Asociado de Puerto Rico. El congreso, la rama judicial y el ejecutivo estadounidense no pestañearon para decirles a los millones de puertorriqueños que ellos eran los amos y que la Isla era una colonia. Eso no fue un acto de solidaridad con el pueblo puertorriqueño, eso fue un acto de brutal desnudismo, fue un mensaje claro y conciso. A la vaca lechera le habían secado las ubres y había que llevarla al matadero para ver si sobraba algo que se le pudiera vender.

Además de ese trago “emocional”, amargo para muchos colonizados, le espetaron que la deuda contraída por los depredadores gubernamentales, manipulados y estimulados por los acreedores estadounidenses tenían que pagarla los puertorriqueños. Los que habían disfrutado del saqueo, los miserables no pagaban. Pero el pueblo humilde, los ancianos, los obreros, los pensionados, los que quieren recibir una educación, los enfermos, los necesitados. Esos sí.

El gobierno estadounidense amparados por la fuerza de su poder crearon una Junta de Fiscalización, con poderes dictatoriales y los enviaron a la Isla para que los “nativos” rindieran cuentas de sus desarreglos. Nombraron 7 jinetes de la Apocalipsis de los cuales 5 eran de origen puertorriqueño. Lo que nadie recuerda es que de esos cinco miembros hay tres con estrechos vínculos familiares con políticos que están o estuvieron envueltos en los chanchullos gubernamentales que crearon la odiosa deuda. Dos de esos miembros de esa Junta Dictatorial ocuparon altos puestos en el gobierno donde llegaron a tener el poder para autorizar prestamos que incrementaran la deuda pública. Nada, solamente que a los cabros los pusieron a velar las lechugas. Naturalmente los gobiernos de turno han obstruido todo intento de investigar cual fue el uso que se le dio, quien lo autorizó y quienes estuvieron envueltos en esas transacciones. El sistema de justicia se enmudeció y los beneficiados están disfrutando bien y ricos. Esos son los miserables. La Junta Dictatorial y sus asociados locales anticipando la indignación del pueblo y para no bregar con la inmundicia de sus actos contrataron a gatilleros extranjeros con vasta experiencia en otras misiones por el mundo para bregar con el dolor puertorriqueño. Algunos de estos costosos personajes son: Natalie Jaresko, Directora Ejecutiva de la Junta Dictatorial. La Jaresko es ciudadana estadounidense y ucraniana. Ocupó el puesto de Ministro de Finanzas de Ucrania en un periodo de muchos conflictos. Tiene un salario en Puerto Rico de $625,000 anuales. La Jaresko se gana más que Donald Trump y Emmanuel Macron(Presidente francés) juntos. La otra es Julia Kelleher, Secretaria de Educación Pública en Puerto Rico. La Kelleher sin experiencia previa que la cualifique para ese puesto vino con la encomienda de cerrar escuelas y venderlas. Recibe un sueldo de $250,000, más que la Secretaria de Educación de los Estados Unidos. El otro es Walter Higgins, director de la Autoridad de Energía Eléctrica que se gana la friolera de $450,000, más $100,000 para gastos de mudanza y un bono de $450,000.

Estos sofisticados gatilleros y los miserables que los contrataron responderán algún día a los pueblos agobiados.

 

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