¿Dónde está tu corazón?, por la Lic. Liliana D. González

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Para muchas personas Navidad significa aglomeraciones, consumo, excesos, compras y más compras. La Biblia dice: «Donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón» (Mateo 6:21 NTV).

Te invito a reflexionar, ¿dónde está tu corazón? El corazón del ser humano está donde invierte su tiempo y gasta su dinero. Algunos tienen el corazón en los aparadores de las tiendas, sus deseos desbocados de poseer cosas materiales los llevan a gastar todo el dinero que tienen y se endeudan sin control. Si a eso le sumamos que la publicidad tiene el objetivo de crear falsas necesidades en las personas, la situación se vuelve más crítica. Los creativos publicitarios trabajan muy duro para que cuando alguien vea un anuncio en TV, Internet, o un cartel en la vía pública, sienta automáticamente el deseo de poseer o consumir el bien o servicio que se promociona. La persona compulsiva o adicta a las compras no podrá controlarse frente a los días de rebajas, incluso cuando el dinero le falte. Esta conducta causa carencias en la economía familiar. Proverbios 21:20 enseña: «En casa del sabio abundan las riquezas y el perfume, pero el necio todo lo despilfarra» (NVI).

Algunas personas antes de ir de compras hacen una lista de los artículos que necesitan para no excederse: pan, leche, huevos, queso… Pero al llegar a casa después de realizar sus compras se dan cuenta de que en las bolsas llevan chocolates, biscochos y una bufanda. ¿En qué momento decidieron comprar esos productos? Pues, simple, ¡compraron por impulso!

Si esto te pasa con frecuencia eres un comprador compulsivo. Tal vez no lo creas y te excuses diciendo: “lo necesitaba” o “estaba en liquidación”, pero lo cierto es que las compras hechas sin pensar te pueden dejar con grandes deudas, no podrás pagar tus gastos fijos de alquiler, seguro, luz, agua…y jamás podrás tener un fondo de ahorro. 

Dios quiere que sus hijos tengan prosperidad económica; que presten y no tengan necesidad de pedir prestado (Dt 32:12). Para ello debes aprender a administrar el dinero de acuerdo con los principios financieros de Dios. Primero que nada, controla tus emociones. Razona cada compra por mínima que ésta sea. Tómate unos minutos para pensar si es necesaria o si es tan solo un antojo pasajero. Al hacer esa reflexión dejarás de comprar automáticamente y podrás tomar decisiones con plena conciencia. Asimismo, haz una lista de las compras necesarias y sujétate a ella. Sal con poco dinero y sin tarjetas de crédito. Establece un plan de ahorro mensual y guarda un porcentaje de tus ingresos.

En la economía de Dios «quien ahorra, poco a poco se enriquece y deja herencia a sus hijos y nietos» (Pr 13: 11; 13: 22). En esta época navideña donde numerosas familias se endeudan descontroladamente, haz un plan de austeridad que te ayude a llegar a enero con dinero en el bolsillo. Decide iniciar el año nuevo con hábitos de ahorro para que compruebes que es la voluntad de Dios que comas, bebas y disfrutes de la vida con paz y libertad financiera.

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