La Voz de la Conciencia Para mi hijo…. Por: Waldemar Gracia

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“Querido hijo:

Has llegado a una edad en la que tienes que ir aprendiendo a utilizar la mente, a adquirir discernimiento, a no perderte en la maraña que la vida pone ante tus ojos. Como yo también pasé por eso y he caminado ya bastante y hasta he llegado a abrir una pequeña trocha en la selva de la vida, por donde puedo discurrir con relativa tranquilidad, creo mi deber (a la vez que, como parte de mi ser que eres, no puedo por menos de desearte lo mejor), darte algunos consejos que, a modo de brújula, te puedan servir para orientarte en tu safari vital y conducirte a los puntos que te hayas prefijado en tu programa de viaje a lo largo de esta existencia.

Comienza esta lectura con la idea de que Dios existe y de que tú formas parte de Él, como la formo yo y tu madre y tu hermana y todos los seres de este mundo y aún de todos los mundos. Piensa, consecuentemente que, si este mundo es parte de Dios, no puede ser malo, ni feo, ni negativo y que, por tanto, si alguna vez lo percibes así, el defecto no estará en él sino en ti: El mundo es hermoso, la vida es maravillosa, el amor es la savia de la vida de Dios, la sangre que lo hace funcionar todo adecuadamente, que todo lo comprende, que todo lo disculpa, que todo lo purifica, que todo lo supera, que todo lo hace bueno.

Adopta, pues, al amor como hilo conductor de tu vida, como origen de tu actividad y como fin de la misma. Hecho esto:

– Si te parece que en el mundo no hay más ley que la de la propia ambición, sabe que la ambición es necesaria, pero tiene sus límites y éstos se encuentran donde empiezan los derechos de los demás.

– Si parece no haber más metas que el éxito, el dinero y el poder, sabe que el éxito es efímero y se cobra un altísimo precio; que el dinero es una magnífica energía si se emplea bien y un instrumento peligrosísimo si se usa indebidamente; y que el poder es sólo una oportunidad que se nos da para ejercerlo promoviendo el progreso, la fraternidad, la responsabilidad y la ilusión.

– Si parece que el amor, el verdadero amor, ha degenerado y no se eleva por encima del sexo, recuerda que el amor es el fundamento del universo, es la fuerza que hace posible la vida, es la vida misma; mientras que el sexo es sólo una función fisiológica encaminada a asegurar la supervivencia de las especies, razón por la cual su ejercicio va acompañado de placer. Sabe también que, entre los hombres, el sexo debe ir acompañado del amor y no sólo del deseo porque si no, se queda a nivel exclusivamente animal y es degradante.

– Si parece que la amistad, la verdadera amistad, no se encuentra ya, sabe que la amistad es hija del amor y, como él, imperecedera, inconsumible, sublime cuando es verdadera y que, aunque algunos no lo crean así, sigue existiendo.

– Si parece que la familia es un lazo debilísimo, puramente genético, sabe que la familia es un conjunto de seres, unos de los cuales ofrecen sus genes y sus cuerpos y la mayor parte de sus energías a lo largo de todas sus vidas, a otros que, a su vez, se aprovechan de ello y se desarrollan hasta la madurez. Y que ese sacrificio sólo se puede hacer por amor, porque el amor es también la base de la familia.

– Si parece que los abuelos estorban y hay que alejarlos, sabe que esos abuelos dieron su juventud y todas sus energías, y renunciaron a muchos sueños y aspiraciones y proyectos, sólo por amor a sus hijos, y éstos les deben una gratitud y un amor que sólo llegarán a comprender cuando ellos, a su vez, sean padres. Y sabe que los abuelos son los eslabones entre generaciones, son la memoria de la familia, los que han de enlazar el pasado de la misma con su futuro, relacionando así su propia generación y las anteriores con la de sus nietos y que, si los abuelos faltan del hogar, los nietos se quedan sin raíces, sin historia, sin anécdotas, sin antepasados, víctimas de una gravísima amnesia sociológica.

– Si parece que el egoísmo domina a todos los hombres en todas sus actuaciones, sentimientos y deseos, sabe que el egoísmo es antinatural y tiende a destruir, a monopolizar, a excluir, y que acaba destruyendo al egoísta, haciéndolo desgraciado, solitario, triste, frustrado e insatisfecho de sí mismo.

– Si todo el mundo parece conocer y exigir sus derechos pero casi nadie recuerda sus obligaciones, sabe que todo derecho entraña una obligación correlativa y que el vivir en sociedad debe ser un constante equilibrio entre unos y otras.

– Si, al parecer, ya no hay Dios, ni vale la pena rezar, ni creer en algo, ni hay que agradecer nada, sabe que, como te he dicho, Dios existe y nos abarca a todos y, queramos no reconocerlo, somos parte de Él y en Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.

– Si todos responden a la ofensa con la ofensa, al odio con el odio y a la violencia con la violencia, sabe que es mucho mejor no hacerlo así y que cada día se nos ofrecen oportunidades sin cuento de devolver bien por mal y enseñar a los demás una manera de vivir más hermosa y más ajustada a las leyes naturales.

-Si la máxima justificación parece ser el decir: “¿Qué puedo hacer si soy así?”, sabe que cada uno es fruto de su voluntad y de su imaginación y que, si te fijas metas hermosas y aplicas luego tu decidida voluntad, las alcanzarás, y tú mismo te sorprenderás del cambio que en ti se habrá realizado.

– Si los hombres parecen preocuparse más de aparentar que de otra cosa, sabe que lo verdaderamente importante es “ser tú” y que si tú eres bueno e intentas permanentemente mejorar, no necesitarás aparentar nada, sino que tu propia bondad superará, con mucho, todas las inútiles apariencias.

– Si alguna vez te sorprendes justificando tu conducta o tus pensamientos o deseos con la frase “todos lo hacen”, comienza a alarmarte: Los líderes lo fueron porque nunca hicieron lo que hacía la masa y, si bien ésta, al principio, pudo escarnecerlos, despreciarlos, ridiculizarlos, perseguirlos y hasta matarlos, terminó adoptando sus ideas, imitando sus costumbres y admirando sus vidas. Tiende en todo momento, pues, a ser un líder, seguro de tus propias ideas y a manifestarte como eres o, mejor aún, como deseas ser, siempre que ese ideal sea bello, bueno y, por tanto, positivo, y no te preocupes de las críticas, las burlas, los desprecios…ni las lisonjas.

– Cada día, cuando te despiertes, agradece la nueva oportunidad que se te da, piensa que ese día es el primero de lo que te queda de vida y…vive. Vive queriendo a la vida, queriendo a tus semejantes, a las plantas, a los animales, al sol, a las estrellas, a la lluvia, al viento, al mar… porque, aunque no te des cuenta, con ello estarás amando a Dios y Él te responderá con un derramamiento de paz que te hará ser feliz y comprender más el amor, y te sentirás más bueno, más completo, más realizado, más preparado, más capaz, más enérgico para acometer la labor que en tu existencia tienes decidida. Es cuanto te desea, de corazón, tu padre.”

¡Feliz día de los Padres!


Las opiniones vertidas por Waldemar Gracia no reflejan la posición de la Voz Hispana. Nombres, lugares y circunstancias han sido alterados para proteger la identidad de los personajes citados en la historia.

Nota : Si has encontrado esta columna útil o interesante, o si tienes alguna pregunta, puedes comunicarte con el autor por correo electrónico a : wallygracia@yahoo.com

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