Mi botiquín familiar, por Waldemar Gracia

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“Oye Tony… ¿de dónde vienes con esa cara de pocos amigos?”. “Ni me preguntes Javier…¡vengo de la clínica y me negaron la vacuna contra el Flú!”. Javier trata de animarlo y le dice; “Bueno Tony no te molestes… lo que pasa es que esas vacunas son solamente para los viejos y tu no eres tan viejo”.

Este tema de la “vacunitas” tiene a muchos cansado ya. Todos sabemos el problema que tenemos con la escasez de vacunas contra el Flú. ¿Pero…en realidad son necesarias?

Javier le recordaba a Tony acerca de los tiempos de su crianza. “En mi casa sólo había un pequeño botiquín… y en él… mi mamá tenía sólo un pote de Breacól y más’ná”. “Si me dolía la cabeza, un traguito de Breacól y mas’ná, si me dolía el estomago un traguito de Breacól y mas’ná, si me daba fiebre o tenia catarro un traguito de Breacól y mas’ná”.

Tony algo pensativo le contesta: “Tienes razón,…yo me acuerdo cuando mi mamá preparaba una “formula” con alcoholado Superior 70 y no había espíritu que se resistiera”. En la formula se mezclaban hijitas de eucalipto y “otras” yerbas y se daba uno “sobito” y quedaba como nuevo.

Los “remedios caseros” o “recetas de la abuela”, existen desde tiempos remotos en los que la tecnología era inexistente. Entonces los únicos remedios que poseía la sociedad eran los que permitía la naturaleza. Estos remedios son útiles, hoy en día, para un gran número de personas que aún creen que la naturaleza es uno de los mejores medios para solucionar muchos problemas cotidianos.

Los remedios caseros eran y todavía son una alternativa de tratar con diferentes males de salud que se practica muy a menudo por parte de nuestros abuelos. Estos remedios caseros pasaban de generación a generación y daban muy buenos resultados ya que mejoraban y hasta curaban muchos de los males que acarreaban a la familia.

Mi abuela tenía muchas plantas y entre ellas se encontraban las que ella utilizaba para hacer diferentes teses para cualquier malestar que le estuviera ocurriendo a cualquiera, incluyendo los diferentes arboles de frutas que entre mi abuela cultivaba.

Hoy día es todo diferente. Tanta tecnología, tantas nuevas medicinas y la gente se mueren hoy más rápido que antes. Recuerdo que a mi me llevaban al hospital cuando ya estaba a punto de morirme de una infección o cuando sufría algún accidente. El “practicante” (si sabia de medicina o no, no lo sé) disfrutaba cogiéndome puntos con una aguja que sólo se lavaba en un poquito de alcohol, en donde también se lavaban las inyecciones que en aquel tiempo eran re-usables.

Luego para la fiebre me daban un potecito de “sirup” rojo para bajármela. Cuando tenia gripe el “sirup” era verde para hacerme escupir tremendos salibones. Y cuando tenía alguna infección el “sirup” era amarillo para hacerme orinar mucho y así sacar lo que estuviera malo allá adentro.

Una vez me “jendieron” la cabeza con una bujía de carro, y boté mucha sangre. El “practicante” me cogió ocho puntos en la cabeza. Luego me enrolló la mitad de la cabeza con un poco de “exparatrapo” que le quitó a otro paciente al que supuestamente le habían puesto demás. Al llegar a casa seguía sangrando y manche la cama con sangre. Por la mañana mi mamá vio el “charco” de sangre y se volvió loca gritando hasta que se desmayó y vinieron los vecinos a ayudarla. Entonces vino Don Goyo que era un viejo alcohólico y chofer de la ambulancia municipal que vivía dos apartamentos mas abajo y junto a otros vecinos se llevaron a mi mamá para el hospital municipal con un ataque de histeria.

Yo me tuve que quedar con la cabeza sangrando cuidando a mi hermanito hasta que vino una vecina y me vio “pintao de colorao” por la sangre y el Mercurio que me había “untáo”. Me “unté” Mercurio por que el “Yodo” me ardía mucho. La vecina llamó al “cortejo” de ella que se acababa de vestir, pues su marido estaba trabando y me llevaron al hospital. Cuando llegue al hospital allí estaba el “practicante” y me pregunta por que mi mama estaba allí pues ni los vecinos ni mucho menos ellas sabían por que la llevaron.

“Pero ya que estas aquí…déjame ver la herida”…dijo el “practicante”. “Ay mi’jo con razón estabas sangrando si te enlié el “bisturí” con to’y “exparatrapo” en la cabeza…con razón no lo encontraba…y yo que le mal dije la madre a Jimmy el bolitero por que creía que se lo había “guillao” por que no le pude pagar el numerito”.

Finalmente le “limpiaron la cabeza, no me pusieron mas “exparatrapo” pero el “practicante” me rasuró la mitad de la cabeza y ahí comenzó el problema de mi calvicie. Poco después fui al funeral del “practicante”, que murió de una herida que sufrió en un accidente de carros, pero no hubo quien lo pudiera curar en el pueblo y después de todo pude comprender que él no era tan malo. 

De ahí en adelante mi mamá me prometió que en nuestro botiquín solo iba a haber; ¡Breacól y mas’ná…!

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